miércoles, 24 de septiembre de 2014

UN CURSO DE AMOR,CAPITULO 8 : LA SEPARACION RESPECTO AL CUERPO

Capítulo 8. La separación respecto al cuerpo


Dentro de tu corazón descansa segura la realidad del amor; una realidad tan lejana que crees no recordarla. A esta realidad nos dirigimos cuando nos internamos en lo profundo de ti, hacia el centro de tu Ser


8.1 A los pensamientos de tu corazón los has definido como emociones. Son diferentes de la sabiduría del corazón de la que ya hemos hablado: la sabiduría que sabe colocar aparte tanto al amor como a tu propio ser. Trabajaremos ahora sobre las emociones, los pensamientos del corazón, extrayendo y separando la verdad de tu percepción de ellas.

8.2 Este plan de estudios pretende ayudarte a ver que las emociones no son los verdaderos pensamientos de tu corazón. ¿En qué otro lenguaje puede hablar tu corazón? En un lenguaje hablado con tanta calma, con tal gentileza, que quienes no cultivan la quietud no lo conocen. El lenguaje del corazón es el lenguaje de la comunión.

8.3 Nos referiremos a la comunión como la unión de nivel superior, aunque en realidad no hay niveles de unión. En el aprendizaje, la idea de que existen niveles resulta útil, pues ayuda a ver el progreso desde una etapa, o nivel de aprendizaje, a otra. Aunque más que aprender se trata de recordar, cosa que entenderás a medida que recuperes la memoria. Tu corazón te ayudará durante el proceso de reemplazar el pensar por recordar. Y en este sentido, recordar puede ser experimentado como el lenguaje del corazón.


8.4 No se trata de recordar los días pasados en esta tierra, sino de recordar quién eres tú en verdad. El recuerdo proviene de lo más profundo de ti, del centro en el cual estás unido a Cristo. No se refiere a tus experiencias aquí, no refleja rostros ni símbolos. Es la memoria de la totalidad, del todo indiviso.


8.5 Multitud de pensamientos y emociones parecerían estar bloqueando tu camino a la quietud, donde puedes hallar el recuerdo. No obstante, como ya has visto una y otra vez, el Espíritu Santo puede usar lo que tú has hecho con un propósito superior cuando tu propósito está unido al del espíritu. Debemos explorar, entonces, una nueva forma de considerar las emociones, una forma que te permita usarlas para facilitar tu aprendizaje en vez de bloquearlo.

8.6 Piensas en el corazón como el lugar de los sentimientos, y en consecuencia asocias las emociones con el corazón. Sin embargo, las emociones son reacciones del cuerpo a estímulos que te llegan a través de los sentidos. Así, la contemplación de una puesta de sol puede llenar tus ojos de lágrimas, el contacto de tu mano con la piel de un bebé puede hacerte sentir que tu corazón desborda de amor, las palabras duras que entran por tus oídos pueden hacer que tu rostro se ruborice y tu corazón se cargue de un sentimiento que llamas enojo o vergüenza, según las circunstancias. Cuando los problemas se acumulan y parecen demasiados pueden provocar una turbación emocional o un trastorno nervioso. En estas situaciones circulan en ti demasiados sentimientos al mismo tiempo o te cierras y no das lugar a ninguno. Como con todas las demás cosas, anhelas un equilibrio que haga latir tu corazón sin sobresaltos, que surja una emoción por vez, que tus sentimientos sean controlables. Y sin embargo te sientes controlado por los sentimientos, por emociones que parecen tener vida propia, así como por un cuerpo que reacciona ante todo ello de unas maneras que te hacen sentir incómodo, ansioso, eufórico o aterrorizado.

8.7 Nada de eso habla de lo que tu corazón te quiere decir, sino que esconde el lenguaje del corazón, y sepulta la quietud bajo las siempre cambiantes facetas de una vida vivida en la superficie, como si tu piel fuese el campo de juego para todos tus ángeles y demonios. Lo que quieres recordar, se ve reemplazado por la memoria de estas emociones, que son tantas, que no podrías contar ni las de un solo día, y ni siquiera podrían hacer esto quienes dicen no tener emociones. No recurres a tus pensamientos para poder encontrar ahí los motivos de tu resentimiento, o la munición para tu venganza, o el dolor para el rememorar. Recurres a tus emociones, a esos sentimientos que dices que provienen de tu corazón.

8.8 Qué tontería creer que el amor podría morar con semejantes compañías. Si estas se encuentran en el corazón, ¿dónde está el amor? Si estas ilusiones fuesen reales, no quedaría lugar para el amor, ya que el amor habita donde no penetra la ilusión. Las ilusiones son como rémoras que se adhieren a la superficie de tu corazón, y que sin embargo no le impiden cumplir con su función, la función de portar consigo aquello que te mantiene a salvo en este mar proceloso.

8.9 Dentro de tu corazón descansa segura la realidad del amor; una realidad tan lejana que crees no recordarla. A esta realidad nos dirigimos cuando nos internamos en lo profundo de ti, hacia el centro de tu Ser

8.10 Incluso aquellos que tienen percepciones bastante desviadas saben que hay una diferencia entre la superficie y lo que descansa bajo ella. A menudo solo se ve la superficie de una situación, la superficie de un problema, la superficie de una relación, y esto es reconocido en el habla cuando decimos: “superficialmente parecería que…”, seguido por intentos de mirar bajo esa superficie para descubrir las causas, motivaciones o razones de una situación, problema o relación. A esto se lo suele llamar búsqueda de la verdad. Aunque la forma en que buscas la verdad allí donde no está hace que permanezca oculta, el reconocimiento de que hay una verdad más allá de la superficie nos será muy útil en esta etapa, así como tu reconocimiento de que existe algo diferente de lo que se muestra sobre la superficie.

8.11 ¿Qué pretendes hacer cuando intentas ver bajo la superficie? ¿Pretendes ver debajo de la piel o en los rincones ocultos de la mente y el corazón? Sin unión, ninguna búsqueda revelará la verdad. Y aunque hay una parte de ti que sabe esto, en vez de la unión prefieres entregarte al juego de la especulación, la conjetura y las causas probables. Buscas explicaciones e información en lugar de la verdad que dices tratar de encontrar. Buscas en el juicio antes que en el perdón. Buscas con una actitud de separación, en vez de buscar desde la unión. Tal vez creas que si supieras cómo es la unión, seguramente la usarías ahora mismo para buscar la verdad o para otros objetivos. Te gustaría resolver problemas, ser una persona que, como en un juzgado, separa el bien del mal, la verdad de la mentira, los hechos de la ficción. Pero no ves que lo que deseas es una mayor separación, y no ves que esta no surge de la unidad ni puede brindarte la verdad.

8.12 Hasta tus más elevados deseos están cargados de este sentido de rectitud que te lleva a juzgar a los demás, más allá de la nobleza de la causa que dices seguir. Quisieras ver en la mente y el corazón de los demás con el fin de ayudarlos, pero también para adquirir poder sobre ellos. Consideras que todo lo que ves es tu propiedad y lo que hagas con ello es tu privilegio. ¿Cómo de peligroso serías si la unión fuese así? Cuán rectamente lucharías contra ella para proteger tus secretos. Esta percepción errónea de la unión pretende alejarte de la meta que persigues, la meta que no es meta, sino tu propia realidad, el estado natural en el que existirías si no fuera porque, por decisión propia, has rechazado tu auténtica naturaleza.

8.13 ¿Ves ahora por qué la unidad y la totalidad van de la mano? ¿Por qué no puedes retener una parte de ti mismo y al mismo tiempo darte cuenta de que la unidad es tu hogar? Si fuese posible existir en unidad y al mismo tiempo retener o escatimar, la unidad sería una burla. ¿A quién le escatimarías? ¿Y de quién escatimarías? La unidad es totalidad. De todos para todos.

8.14 Hemos hablado de lo que está en la superficie. Hagamos ahora un experimento. Considera tu cuerpo como la superficie de tu existencia, y contémplalo. Toma un poco de distancia respecto a él, pues no es tu hogar. El corazón del que hablamos no mora en él, y tú tampoco. Los cuerpos separados no pueden unirse en una totalidad. Fueron hechos para alejarte de la totalidad y para convencerte de la ilusión de la separación. Toma distancia. Contempla tu cuerpo solo como la superficie de tu existencia. Es lo que aparenta ser, y nada más. No dejes que te impida ver la verdad, así como no dejas que otros aspectos superficiales te la escondan. Aunque no hayas encontrado la verdad, puedes reconocer qué cosas no lo son. Tu cuerpo no es la verdad de lo que eres, por más que lo parezca. Por ahora, lo consideraremos el aspecto superficial de tu existencia.

8.15 Daremos un paso más, pues muchos todavía creen que lo que está dentro del cuerpo es real: el cerebro y el corazón, los pensamientos y las emociones. Si tu cuerpo contuviera lo real, él también sería real, del mismo modo que, si una situación superficial contuviera la verdad, sería la verdad. Ahora bien, si tu cuerpo y lo que hay dentro de él no son la realidad, te sientes desamparado, como si te hubieses quedado sin hogar. Esta sensación es necesaria para que puedas regresar al verdadero hogar, pues si estuvieses encerrado en tu cuerpo y lo aceptaras como tu hogar, no aceptarías ningún otro.
8.16 Tu “otro” hogar es el que sientes como si lo hubieras abandonado, y como al que anhelas regresar. Sin embargo, ya estás en él, y no podrías estar en ninguna otra parte. Tu hogar está aquí. Piensas que esto es incongruente con la verdad tal como la estoy revelando, la verdad de que el cielo es tu hogar. Pero no lo es. No hay un aquí de la manera en que piensas, desde la perspectiva de una localidad, un planeta, un cuerpo. Dios está aquí y tú perteneces a Dios. Este es el único sentido en que deberías aceptar la noción de que perteneces a tal o cual lugar. Solo cuando cobras conciencia de que Dios está aquí puedes decir que aquí está tu lugar.

8.17 Ahora que estás poniendo distancia entre tu cuerpo y tú para poder participar en este experimento que te permite reconocer el elemento superficial de tu existencia, eres consciente quizás como nunca antes de encontrarte en un lugar y en un tiempo determinados. Cuando tomas distancia para contemplar tu cuerpo, esto es lo que ves: una forma que se mueve en el tiempo y el espacio. Eres entonces más consciente de sus acciones y achaques, su fortaleza y su debilidad. Puedes darte cuenta de cómo gobierna tu existencia, y preguntarte cómo es que vas a poder pasar ni siquiera un instante sin tener conciencia de él.

8.18 Este instante sin consciencia del cuerpo fue descrito maravillosamente en Un curso de milagros como el Instante Santo. Tal vez creas que la observación de tu cuerpo no es una buena manera de lograrlo, pero a medida que observas aprendes a tomar distancia de lo que ves. Mas es necesario recordarte que no debes observar con la mente sino con el corazón. Y esta observación contendrá una santidad, un regalo de intuición, más allá de tu visión normal.

8.19 Comenzarás sintiendo compasión por este cuerpo que, durante tanto tiempo, has considerado tu hogar. Ahí va, una vez más, durmiendo y despertándose… llenándose una vez más de energía y malgastándola hasta sentir fatiga. Y llega un nuevo día que saludas con tu corazón. Un nuevo día que te dice que todo pasa. A veces esto brinda regocijo y, a veces, tristeza. Pero nunca puedes evitar el hecho de que cada día es tanto un comienzo como un final, y que tan seguro llega la noche como que llega el día.

8.20 En estos días que pasan se mueven muchos otros cuerpos semejantes al tuyo. Cada uno es diferente, ¡y hay tantos! Cuando observas, es posible que te sientas abrumado por todo lo que observas, por la inmensidad de todo aquello que ocupa el mundo junto contigo. Algunos días te sentirás como uno de tantos, un pequeño e insignificante peón. Otros días te sentirás superior, la culminación del mundo y de todos sus años de evolución. Habrá días en que te sentirás muy terrenal, como si este fuese tu hogar natural. Habrá otros días en que sentirás lo contrario, y te preguntarás dónde estás. Ahí está tu cuerpo, pero, ¿dónde estás tú?

8.21 Aunque no puedas observarlo, cobrarás conciencia de cómo el pasado camina junto contigo, y el futuro también. Ambos son como compañeros que por un instante vienen a distraerte, pero se niegan a abandonarte cuando quieres que se vayan.

8.22 ¿Dónde viven el pasado y el futuro? ¿Adónde va el día cuando llega la noche? ¿Qué harás con todas estas formas que deambulan a lo largo de los días junto a ti? ¿Qué es lo que observas en realidad?

8.23 Esta es tu representación [reenactment] de la creación, comenzada cada mañana, y completada cada noche. Cada día es tu creación, reunido y sostenido mediante el sistema de pensamiento que le dio origen. Observar esto es ver su realidad. Y ver esta realidad equivale a ver la imagen de Dios que tú has creado a semejanza de Dios. Esta imagen se basa en tu recuerdo de la verdad de la creación de Dios, y en tu deseo de crear como tu Padre. No es mucho más lo que puedes hacer en tu condición de olvido. Aun así, tiene bastante que decirte.

8.24 Todo se sostiene gracias al sistema de pensamiento que le dio origen. Pero hay dos sistemas de pensamiento: el sistema de pensamiento de Dios y el sistema de pensamiento del ego o yo separado. El sistema de pensamiento del yo separado ve separación en todo. El sistema de pensamiento de Dios ve unidad en todo. El sistema de pensamiento de Dios es un sistema de permanente creación, renacimiento y renovación. El sistema de pensamiento del ego es un sistema de continua decadencia, destrucción y muerte. ¡Y sin embargo, cómo se parecen!

8.25 ¡Cómo se parece a la memoria el recordar una cosa hasta en sus más mínimos detalles, y sin embargo no tener idea de lo que se trataba en realidad! Los recuerdos acaban deformados y distorsionados por lo que tú quisieras que fuesen. Todos podemos evocar el recuerdo de por lo menos un incidente que, cuando fue expuesto a la luz de la verdad, resultó ser una gran mentira. Ocurre al recordar ocasiones en que creías que un ser querido te quería perjudicar cuando en realidad estaba tratando de ayudarte. O cuando recuerdas situaciones que te resultaban vergonzosas o destructivas pero en realidad buscaban enseñarte algo que necesitabas aprender para alcanzar el éxito del que ahora gozas.

8.26 Tu recuerdo de la creación de Dios es una memoria que conservas hasta en sus detalles más nimios. Sin embargo, los detalles enmascaran la verdad tan completamente, que acaban sometiéndola a la ilusión.

8.27 ¿Cómo puede ser que vayas por el mismo mundo, día tras día, en el mismo cuerpo, y que observes tantas situaciones semejantes, y que te despiertes bajo el mismo sol y lo veas ocultarse cada noche, y, aun así, cada día te resulte tan diferente que a veces te sientes feliz y a veces triste, o un día tienes esperanza, y al siguiente te hundes en la desesperación? ¿Cómo es posible que lo creado en forma semejante a la creación de Dios se oponga tanto a ella? ¿Cómo es posible que la memoria engañe los ojos y sin embargo no engañe al corazón?

8.28 Esta es la verdad de tu existencia: una existencia en la que tus ojos te engañan pero tu corazón no cree en el engaño. Tus días no son sino la evidencia de esta verdad. Lo que tus ojos ven puede engañarte un día, pero al día siguiente tu corazón ve más allá del engaño. Y así es como en tu mundo un día es la desdicha personificada y el siguiente es gozo puro.

8.29 Regocíjate de que tu corazón no es engañado, pues en ello reside tu camino al verdadero recuerdo.

 imagen corazón en círculo

UN CURSO DE AMOR , CAPITULO 7 : RETENER

Capítulo 7. Retener


Lo que apartas del mundo lo apartas de ti, pues no estás separado del mundo. En toda situación, lo que escatimas no lo tienes, porque solo te lo escatimas a ti mismo.

7.1 Antes de continuar, es necesario producir una inversión mayor en el pensamiento. Se ha dicho y subrayado muchas veces, y lo diremos aquí también, que aquello que das, en verdad lo recibes. Lo que no recibes es la medida de lo que retienes. Tu corazón está acostumbrado a dar de una manera en que tu mente no lo está. Tu mente se apega a cualquier idea pensando en lo que puede traerte, y se resiente cuando ve que esa misma idea fructifica y tiene éxito en el mundo. “Yo tuve esa idea”, sueles lamentar cuando otro tiene éxito donde tú has fallado. “Yo podría estar donde está esa persona si no fuese por la injusticia de la vida”, te quejas. Tu mente habita en su propio mundo, fabricado principalmente de “si tan solo”… Tu corazón, por otra parte, sabe dar y recibir sin los límites del mundo de tu mente o de las circunstancias físicas. A pesar de las decepciones más severas, tu corazón sabe que aquello que das en verdad lo recibes.


7.2 Aun así, hay partes de ti que le escatimas incluso al amor, y esto es lo que debemos corregir. Pues aquello que retienes, no lo recibes, y en consecuencia no recibes una parte del cielo, ni conoces una parte de Dios, o de tu propio Ser. Para recibir de verdad, necesitas darte de manera completa. Por ahora nos concentraremos en la retención, pues aún no comprendes lo que puedes dar ni reconoces lo que tienes para dar. Pero puedes reconocer aquello que te guardas para ti, y observarlo en cada situación. A medida que tomes conciencia de lo que retienes, podrás darte cuenta de lo que no das y, en consecuencia, de lo que tienes para dar.

7.3 En tu mundo, todo aprendizaje se fundamenta en comparar entre las cosas. Mediante la comparación buscas diferencias y las magnificas, nombras las cosas y las clasificas, estableces contrastes y oposiciones para separarlas en grupos y especies. No solo distingues y separas cada individuo, sino también a grupos de individuos, porciones de tierra, sistemas, organizaciones, el mundo natural, el mundo mecánico, el cielo, la tierra, lo divino y lo humano.

7.4 Para identificarte a ti mismo en este mundo, has debido retener una parte de ti mismo y decir: “Esto es lo que me hace único”. Sin esta parte de ti que señalas como única, tu existencia parecería tener menos propósito del que parece tener. En consecuencia, aquello que has decidido que más te distingue, que más te separa del resto, es lo que más valoras.

7.5 Este único pensamiento constituye todo un sistema de pensamiento en y por sí mismo, pues es el principal pensamiento por el que vives tu vida. Todos tus esfuerzos se concentran en sostener la ilusión de que debes proteger lo que eres, y que la protección consiste en mantener a resguardo esta cierta parte de ti. Así como el amor que has apartado de este mundo, también este pensamiento puede ser útil, pues reconoce que estás tan aparte de este mundo como lo está el amor. Las duras realidades del mundo pueden reclamar tu cuerpo y tu tiempo, pero no permites que reclamen esta parte de ti que has reservado, y que retienes en tu corazón. Sobre ella trabajaremos ahora.

7.6 Esta es la parte que grita “nunca” ante aquello que quiere doblegarte. La vida siempre te quita cosas — dices— pero nunca te quitará esto. Aquellos que sienten su vida amenazada, lo llaman voluntad de vivir. Quienes sienten que su identidad está amenazada, lo llaman clamor del individuo. Para algunos se trata de vocación creadora, y para otros, de la llamada del amor. Otros no quieren darle esperanzas al cinismo. Otros lo llaman ética, moral, valores, y declaran que nunca cruzarán ese límite. Es una declaración que proclama: “No venderé mi alma”.

7.7 Regocíjate de que haya algo en este mundo con lo que no estás dispuesto a negociar, algo que consideras sagrado. Este es tu Ser. Sin embargo, este Ser que guardas con tanta estima es lo que tienes que aprender a dar gratuitamente. Este es el único Ser que sostiene la luz de quien eres en verdad, el Ser que está unido al Cristo en ti.

7.8 A este Ser apelamos de ahora en adelante. Escúchale y mantenlo en tu corazón con alegría, junto con aquello que ya está en él: el amor que retienes, y esa parte de ti que no quieres ceder. Cuando aprendas que en verdad recibes aquello que das, verás que vale la pena dar lo que habita en tu corazón, pues eso será lo que recibirás.

7.9 Regresemos ahora a lo que retienes y veamos qué efecto tiene la retención sobre ti y sobre el mundo. La primera lección que necesitas aprender dice que el mundo no te separa. Eres tú quien se separa del mundo. Esto es lo que ha convertido el mundo en lo que es. Lo que retienes permite que gobierne la ilusión, y que la verdad haya quedado encerrada en un sótano tan impenetrable y durante tanto tiempo, que la creíste olvidada. No te das cuenta de que ese sótano es tu propio corazón, ni de que la verdad es lo que has elegido separar y conservar ahí. Cuando creas en esto, y cuando creas que lo que das es lo que recibes, abrirás las puertas de par en par, y todo el gozo que has separado de ti mismo regresará. Un fuerte viento barrerá tu corazón y todo el amor que le has negado al mundo será liberado en un gran intercambio. Fluirá en todas direcciones y no dejará rincón del universo sin tocar. En un instante la eternidad vendrá a ti. La muerte será un sueño a medida que el viento de la vida sople de direcciones que están más allá de toda dirección e insufle hálito vital a lo que estuvo encerrado durante tanto tiempo. Después de esto, soplará sobre ti una suave brisa que nunca te abandonará, y la vida respirará en unidad.

7.10 La retención que practicas adquiere muchas formas. Sin embargo, estas no son más que meros efectos de la misma causa que mantiene a la verdad separada de la ilusión. Donde llega la verdad, la ilusión se disipa. La verdad no necesita que la protejas, pues cuando se acerca a la ilusión, brilla con su luz en las tinieblas y estas dejan de existir.

7.11 Hay dos formas de apartar y retener: aquello de ti que guardas del mundo, y aquello del mundo que guardas para ti. Una ofensa, por ejemplo, es algo que eliges para ti, una parte de una relación que guardas con desprecio y amargura. No tienes conciencia de que eliges esta forma de retención decenas de veces por día. Una llamada telefónica sin contestar, un atascamiento de tráfico, una palabra grosera… todas estas cosas pueden convertirse en resentimientos que guardas y te rehúsas a abandonar. Es probable que empieces el día con varias de estas cosas en tu mente, donde las conviertes en razones para seguir reteniendo y escatimando. Ya tienes una excusa —o varias— para tener un mal día. ¿Por qué habrías de darle algo a alguien cuando el día te trata tan mal? Incluso reprimes la sonrisa, porque eliges la ofensa por encima del amor.

7.12 Puedes optar por hablar sobre tu mal día con aquellos con quienes te encuentres, y si te muestran apoyo y comprensión, puede que decidas que has conseguido algo a cambio de tus resentimientos, y si eso que has conseguido en el intercambio te resulta de igual valor, tal vez decidas abandonar los resentimientos. Pero si la respuesta no te satisface, la añades a tu lista de ofensas, hasta que el peso de las cosas a las que te apegas es mayor de lo que puedes soportar. Buscas entonces a alguien en quien descargar el peso, con la esperanza de poder pasarle masivamente tus ofensas. Si tienes éxito mediante el enojo, el despecho o la mezquindad, te sientes culpable y te refugias aún más en tu propia miseria.

7.13 No te das cuenta de que toda situación es una relación, inclusive aquellas tan simples como una llamada telefónica sin respuesta o un atasco en el tráfico. En cada situación te relacionas con alguien o algo, y lo que sostienes en contra de ese alguien o algo, se lo escatimas y retienes. Les has quitado una pieza, y la retienes antipáticamente para ti, no para unir, sino para separar. Tampoco tienes conciencia de que tú también eres objeto de esta clase de caprichos de tus hermanos y hermanas, por lo que hay partes de ti que quedan dispersas aquí y allá. Sabes que están perdidas, pero no sabes cómo las perdiste ni cómo las puedes recuperar. Lo que no sabes es que puedes prevenir toda pérdida siendo uno. Lo que está unido no puede ser partido y desperdigado, pues permanece en unidad. Lo que está unido vive en paz y no conoce la ofensa. Lo que está unido reside intacto en el amor.

7.14 Existe otra manera de escatimarte partes de una relación. No adquiere la forma de las ofensas sino la de sentirte especial. Retienes para sentirte especial, siempre a expensas de otro. Todos tus esfuerzos por ser mejor que tus hermanos y hermanas se traducen en competencia, envidia, codicia. Se relacionan con la imagen que tienes de ti mismo y tus desvelos por reforzarla. Tu deseo no es ser inteligente, sino más inteligente que tus colegas. Tu deseo no es ser generoso, sino más generoso que tus pares. Es tu deseo el ser más rico que tu prójimo, más atractivo que tus amigos, más exitoso que los demás hombres y mujeres. Cavas entonces una trinchera contra individuos y grupos; equipos, organizaciones y naciones; religiones, vecinos y familiares. Tu deseo es tener el control, o tener más, ser más. Y así desarrollas una vida basada en la comparación de la ilusión con la ilusión.

7.15 Tú no crees que esto sea retener o escatimar, pero lo que reclamas como tuyo en desmedro de los demás es en verdad una retención. Y en tu mundo no sabes cómo obtener algo para ti sin quitárselo a otro. Inclusive adoptas la posición de escatimar tu inteligencia de los demás, no sea que se lucren con ella. Quieres que tu inteligencia reciba reconocimiento, pero quieres que sea reconocida como tuya. Si alguien quiere la inteligencia que tienes para ofrecer, debe dar algo a cambio. Puede ser admiración o dinero, es lo mismo. La exigencia persiste, ya sea de la recompensa que se te debe pagar o del homenaje que crees debido. Si no es así, escatimas lo que tienes. Y agradeces estas cosas por las que puedes reclamar una recompensa del mundo, pues sin ellas tú serías el que debería pagar.

7.16 Estos son solo ejemplos de lo que le escatimas al mundo y guardas para ti. ¿Cuáles son las cosas de ti que te impides dar al mundo? En realidad, ambas categorías son similares, pues aquellas cosas que escatimas del resto, aquellas por las que exiges recompensa y no das libremente, tampoco las tienes para ti. Las ideas que guardas, la creatividad que solo te beneficia a ti, la riqueza que acumulas, todas estas cosas carecen de utilidad cuando las retienes solo para ti. Es como si no existieran. No te acercan a la verdad ni te brindan felicidad, ni pueden comprarte amor ni el éxito que buscas. Lo que apartas del mundo lo apartas de ti, pues no estás separado del mundo. En toda situación, lo que guardas es lo que no tendrás, porque solo te lo escatimas a ti mismo.

7.17 Necesitamos regresar a la relación y corregir rápidamente cualquier idea errónea, en especial las que convierten esto en un asunto trivial o en uno específico y no generalizable. Toda relación existe en la plenitud. Los ejemplos que utilizamos antes tenían la función de ayudarte a reconocer la relación en sí misma como algo distinto de los objetos, personas o situaciones con las que te relacionas. Ahora vamos a ampliar la idea.

7.18 Ampliar tu visión para que vaya de lo específico a lo general es una de las tareas más difíciles del proceso de aprendizaje. Te darás cuenta de ello cuando comprendas de qué manera tu pensamiento está atado a lo específico. Una vez más, entonces, apelamos al amor y a la sabiduría íntima del corazón. Tu corazón ya ve de manera más completa que tu mente dividida. Incluso tu lenguaje y tus imágenes reflejan esta verdad, esta diferencia entre la sabiduría del corazón y la mente. Se puede hablar de un corazón roto, pero la imagen que esta frase suscita es la de un corazón rasgado y abierto, no la de un corazón escindido. Tu cerebro, en cambio, está separado en hemisferios derecho e izquierdo, cada uno con su función. Y aunque tu cerebro y tu mente no son lo mismo, tu imagen de la mente y de lo que hace o deja de hacer está vinculada a tu imagen del cerebro. Abandona esta imagen y concéntrate en la totalidad de tu corazón, más allá de cómo lo percibas en la actualidad. Aunque esté herido, roto o entero, es una totalidad dentro de ti, en el centro de quien eres.

7.19 Es desde este centro que la verdad alumbrará tu camino.

7.20 Desde este centro comprenderás que la relación existe en la plenitud. Hemos comenzado a desarmar la idea de que estás solo y separado, como un ser escindido del resto. Pero tu perdón de todo aquello que generó este malentendido aún no está completo ni lo estará hasta que tu comprensión sea mayor que ahora. Pues no puedes abandonar la única realidad que conoces sin tener una comprensión aunque sea mínima de cuál es la verdad de tu realidad.

7.21 Si no puedes estar solo debes estar continuamente en relación. En consecuencia, la relación no depende de la interacción tal como la entiendes ahora. Resulta fácil ver la relación entre un lápiz y tu mano, entre tu cuerpo y otro, entre tus acciones y los efectos que parecen tener. Todas estas relaciones se basan en lo que te dicen tus sentidos, que son la evidencia en la que te has apoyado para comprender el mundo. Quienes han desarrollado cierta confianza en formas de conocimiento que no están gobernadas por los sentidos aceptados son considerados sospechosos. Sin embargo, aceptas muchas causas para explicar cómo te sientes, desde variaciones en el clima hasta enfermedades invisibles. Les has dado a otros, a quienes consideras que tienen más autoridad, permiso para proporcionarte su versión de la verdad, y a fin de guardar coherencia eliges creer en la versión de la verdad que predomina en tu sociedad. Por este motivo la verdad difiere de un lugar a otro y hasta parece estar en conflicto. Te aferras a las verdades conocidas, aun cuando eres consciente de su inestabilidad en el tiempo y en el espacio. Por lo que finalmente te aferras a la única cosa segura que se infiltra en tu existencia: el conocimiento de que la muerte te llevará a ti y se llevará a todos tus seres queridos.

7.22 Date cuenta de que cuando se te pide que abandones esto, se te pide que abandones una existencia tan mórbida que cualquiera en su sano juicio la arrojaría por la ventana con alegría y buscaría una alternativa. Esa alternativa existe. No en sueños ni fantasías, sino en la realidad. No en las formas y circunstancias cambiantes sino en eterna consistencia.

7.23 Acepta una nueva autoridad, aunque sea por el breve tiempo que te lleva leer esto. Comienza con esta idea: te abrirás a la posibilidad de que una nueva verdad se revele ante tu corazón esperanzado. Mantén en tu corazón la idea de que mientras lees estas palabras, y cuando termines de leerlas, su verdad quedará revelada. Deja que tu corazón se abra a una nueva clase de evidencia de lo que constituye la verdad. No pienses en otro resultado que no sea tu felicidad. Y cuando esta llegue, no la niegues, ni niegues su fuente. Recuérdate que cuando el amor venga a llenar tu corazón, no lo negarás ni negarás su fuente. No necesitas creer que va ocurrir. Solo necesitas abrirte a la posibilidad de que ocurra. No le des la espalda a la esperanza que se te ofrece, y cuando la nueva vida fluya llevándose lo viejo, no olvides de dónde provino.

 imagen corazón en círculo

martes, 23 de septiembre de 2014

UN CURSO DE AMOR,CAPITULO 6: PERDON / UNION

Capítulo 6.  Perdón/unión

El desafío ahora reside en crear antes que en lograr. Con la paz, los logros se trasladan al ámbito donde realmente vale la pena desearlos, y donde realmente pueden tener lugar. Con tu logro, llega la libertad y el desafío de crear. La creación se convierte en la nueva frontera, la ocupación de quienes son demasiado jóvenes como para descansar, demasiado interesados en vivir como para darle la bienvenida a la paz de la muerte. Aquellos que no pudieron cambiar ni un ápice del mundo mediante su esfuerzo, en paz crean el mundo de nuevo.


6.1 La unión descansa sobre el perdón. Ya has oído esto antes pero no comprendes qué cosa deberías perdonar. Debes perdonar la realidad por ser como es. La realidad, lo auténticamente real, es la relación. Debes perdonar a Dios por crear un mundo en el que no puedes estar solo. Debes perdonar a Dios por crear una realidad que se comparte, antes de estar en condiciones de comprender que esta es la única realidad que desearías tener. Debes perdonar esta realidad por ser diferente de lo que siempre imaginaste que era. Debes perdonarte a ti mismo por no poder hacerlo por tu cuenta. Debes perdonarte a ti mismo por ser lo que eres, un ser que solo existe en relación. Debes perdonar a todos por ser como tú. Ellos tampoco pueden estar separados, sin importar lo duramente que se esfuercen para ello. Perdónales. Perdónate. Perdona a Dios. Entonces estarás preparado para comprender realmente cuán diferente es vivir en la realidad de la relación.



6.2 Tu hermano no existe aparte de ti, ni tú de tu hermano. Esta es la realidad. Tu mente no está contenida dentro de tu cuerpo sino que es una con Dios y la compartes con todos tus semejantes. Esto es la realidad. El corazón, que es el centro de tu ser, es el centro de todo lo que existe. Esto es la realidad. Ninguna de estas cosas te hace menos de lo que habías percibido ser, pero hace imposible que estés separado. Puedes desear lo imposible hasta el final de tus días, pero no puedes convertirlo en posible. ¿Por qué no perdonas al mundo por ser distinto de lo que pensabas que es, y comienzas a aprender cómo es en realidad? Para eso existe el mundo, y cuando hayas aprendido lo que tiene para enseñarte, ya no lo necesitarás, lo dejarás ir con alegría, y en su lugar hallarás el cielo.

6.3 Esto es lo que te enseñan todas las palabras, símbolos, formas y estructuras de tu mundo de la manera más simple y directa posible. No estás solo ni separado, nunca lo estuviste y nunca lo estarás. Todas las ilusiones pretenden ocultar este hecho porque preferirías otra cosa. Solo cuando dejes de desear lo que no puede ser, podrás ver aquello que es.

6.4 Quienes menos me aceptaron como profeta y salvador fueron aquellos que más se parecían a mí, los que me vieron crecer, trabajaron junto a mis padres y vivieron en el mismo pueblo. Fue porque sabían que yo no era diferente de ellos y no podían aceptar que eran iguales a mí. Tanto ellos en su tiempo como vosotros ahora, no sois diferentes de mí. Somos semejantes porque no estamos separados. Dios creó el universo como un todo interrelacionado. El hecho de que el universo sea un todo interrelacionado es algo que ni siquiera es discutido por la ciencia. Aquello que has construido para ocultar tu realidad se ha convertido, con la ayuda del Espíritu Santo, en lo que te enseñará a entenderla. Pero aun así, te rehúsas a escuchar y a aprender. Todavía prefieres que las cosas sean distintas y, mediante tu preferencia, eliges mantenerlas así.

6.5 ¡Haz una nueva elección! La elección que tu corazón anhela hacer y que tu mente encuentra cada vez más difícil negar. Cuando eliges la unión antes que la separación, eliges la realidad antes que la ilusión. Acabas con la oposición eligiendo la armonía. Acabas con el conflicto, eligiendo la paz.

6.6 Todo esto es obra del perdón. El perdón del error original: la elección de creer que eres un ser separado a pesar de que no es así ni podrá serlo jamás. ¿Qué creador amoroso crearía un universo donde tal cosa fuese posible? Un ser aparte sería un ser creado sin amor, pues el amor crea a su semejanza y es uno con aquello que ha creado. Darte cuenta de esta simple verdad te iniciará en el camino del aprendizaje de lo que tu corazón quiere que aprendas.

6.7 El hecho de que no estés solo en el mundo demuestra que no estás hecho para la soledad. Todo lo que hay a tu alrededor te ayuda a percibir de manera correcta, y luego a ir más allá de la percepción, hacia la verdad
.
6.8 ¿Qué es lo opuesto de la separación sino estar unido en relación? Todo lo que se une en relación contigo es sagrado porque tú lo eres. Cualquiera de los contrastes que ves lo ejemplifica. Solo ves el mal en relación con el bien. Ves el caos en relación con la paz. Cuando ves cada una de estas cosas como una entidad aparte, no ves lo que la relación te muestra. El contraste pone en evidencia, por eso es una de las herramientas favoritas del Espíritu Santo. El contraste revela la relación que existe entre la realidad y la ilusión. Cuando eliges negar esta relación, optas por un sistema de pensamiento basado en lo contrario de tu realidad. Por lo tanto, cada negación de la unión revela su opuesto. Lo que está separado de la paz es caos. Lo que está separado del bien es maldad. Lo que está separado de la verdad es locura. Puesto que no puedes estar separado, todos estos factores que se oponen a tu realidad solo existen por contraste con ella. Esto es lo que elegiste crear cuando pretendiste ser lo que no puedes ser. Eliges vivir en oposición a la verdad, y la oposición es algo que tú construyes.

6.9 ¡Vuelve a elegir! Y abandona el temor a lo que la realidad puede traerte. ¿Qué podría ser más demente que aquello que ahora llamas cordura? ¿Qué pérdida puede haber cuando te unes a aquello que es semejante a ti? Está a solo un paso de donde te encuentras ahora, tan indefenso y solo.

6.10 Sin embargo, temes. Y mantener el temor te tiene muy ocupado. Avivas su fuego para que no se apague y te deje inmerso en una calidez que no es de este mundo. Esta es la calidez en que quieres vivir, una calidez tan abarcadora que ningún frío invernal volverá a surgir nunca. Pero aun así, eliges el fuego. Eliges el fuego del infierno antes que la luz del cielo. Solo tú puedes atizar el fuego y por eso te resulta deseable. Una calidez que no es de este mundo, que se ofrece libremente sin que tengas que trabajar por ella, te provoca desconfianza. ¿Cómo puede ser para ti si no tienes que invertir ningún esfuerzo para ganártela? Y aun si fuese verdad, ¿qué pasa entonces? Algunos —te dices— se van a vivir cerca del ecuador donde el sol brilla todos los días y no hay necesidad de encender un fuego. Pero tú no. Tú —te dices— prefieres las cuatro estaciones, el frío y el calor, la nieve y la lluvia, la oscuridad de la noche y las nubes que ocultan el sol. ¿Qué sería la vida sin ellas? El sol perpetuo sería demasiado fácil, carente de imaginación, estéril. Tener todos los días lo mismo no sería interesante por ahora. Tal vez más adelante, cuando seas viejo y te hayas cansado del mundo. Tal vez entonces te sientes al sol.

6.11 Este es el cielo según tu mente, el significado de la unión, el rostro que le das a la paz eterna. Con semejante visión en tu mente no es ninguna sorpresa que la rechaces o que la postergues hasta el final de tus días. Un cielo como este es para los ancianos y desvalidos, para aquellos prestos a abandonar el mundo, para quienes ya se han cansado de él. ¿Qué tendría de divertido un cielo así para los que todavía son jóvenes y están llenos de vigor? ¿Para los que están dispuestos a enfrentar otra batalla o aún no han probado todos los desafíos? Si todavía queda una montaña para escalar, ¿por qué elegir el cielo? Puedes elegirlo más tarde, cuando la enfermedad haya tomado el control de tus miembros y tu mente ya no corra en busca de lo que viene después.

6.12 El entusiasmo por la vida y el entusiasmo por el cielo aparecen como cosas opuestas. El cielo y su ambiente de paz eterna pueden quedar —eso crees— para el final de los días, y clamas por la injusticia de que alguien joven abandone la vida. El cielo no es para los jóvenes, dices. Es injusto que aquellos que mueren jóvenes no hayan tenido la oportunidad de vivir, la oportunidad de afrentar luchas y desafíos, la llegada del nuevo día y el ocaso de lo viejo. Qué pena que no hayan tenido la oportunidad de marchar solos por la vida y ser lo que podrían haber sido. Les adjudicas tus valores, pues tú vives para lo que está por venir, con la esperanza de que no sea como lo anterior. Pues cada desafío que enfrentas es un llamado a enfrentar el próximo. Y cada uno llega para reemplazar el anterior con la esperanza de que, ahora sí, este sea el que vale, y al mismo tiempo la esperanza de que no lo sea.

6.13 Tener éxito no es sino una pequeña muerte, un duelo del que debes escaparte rápidamente, hacia donde te espere un nuevo desafío y una nueva razón para existir. Devoras inmediatamente la zanahoria que sostienes delante de ti para realimentar el círculo. Así como comes para saciar tu hambre y poco después sientes hambre de nuevo, tu vida necesita un círculo similar perpetuo para mantener la realidad que le has construido. “Luchar por el éxito y tener éxito para luchar un día más” es la vida que te has fabricado, y la que temes que sea reemplazada por el cielo. Dejar de lado la idea de que en esa vida reside el sentido, se logra satisfacción y se construye la felicidad, es considerado una rendición. Es entonces en estos momentos que invocas la ayuda del cielo, cuando pareces estar próximo a rendirte, pues nunca sientes tanta necesidad de ayuda como cuando tus proyectos fracasan y la resignación se transforma en una alternativa más tentadora que la perseverancia.

6.14 Muy pocos piden la gracia de abandonar lo que ha sido por lo que podría ser. Consideras que rendirte es un fracaso, y esto es a lo que más temes. No tener éxito en la vida sería en verdad un fracaso, siempre y cuando fuese posible. Sin embargo te aferras a esta posibilidad, pues crees que sin posibilidad de fracaso no existe posibilidad de éxito. Los contrastes que ves en tu estado de separación crean situaciones en las que sientes que solo hay lugar para una cosa “o” la otra, y que debes optar por una “o” por otra. Mientras que la opción por el cielo es en verdad la opción por abandonar el infierno, y la verdad es la opción de renunciar a las ilusiones, esas son las únicas opciones reales que existen, y no se despliegan en tus ilusiones, sino solo en la verdad. Porque en la verdad, todas las ilusiones se desvanecen; y en el cielo, queda para siempre derrotada toda consideración sobre el infierno
.
6.15 ¿Cómo puedo convencerte de que deseas la paz si no la conoces? Quienes alguna vez adoraron becerros de oro lo hicieron porque no conocían otra opción. Para ellos, la idea de un dios de amor era tan extraña como lo es para ti la idea de una vida de paz. Ha cambiado lo que es extraño para el mundo, pero no ha cambiado el mundo. Los que conviven con la guerra buscan la paz. Los que viven un fracaso buscan el éxito. Dicho de otro modo, los dos están diciendo esto: buscas el sentido en un mundo demente, buscas el significado en lo que no tiene sentido, buscas un propósito entre el despropósito.

6.16 ¿Cómo puedo hacer que la paz sea atractiva para ti que no la conoces? La Biblia dice: “El sol brilla y la lluvia cae sobre malos y buenos por igual”. ¿Por qué crees, entonces, que la paz es un sol perpetuo? La paz es simplemente disfrutar tanto del sol como de la lluvia, de la noche como del día. Cuando no juzgas, la paz brilla sobre todo lo que miras, así como sobre toda situación que afrontas.

6.17 Las situaciones también son relaciones. Cuando la paz está presente en tus relaciones, las situaciones también se revelan tal como son y puedes verlas bajo la luz del cielo. Las situaciones ya no chocan unas contra otras haciendo imposible que cumplas con lo que te propones. El desafío ahora reside en crear antes que en lograr. Con la paz, los logros se trasladan al ámbito donde realmente vale la pena desearlos, y donde realmente pueden tener lugar. Con tu logro, llega la libertad y el desafío de crear. La creación se convierte en la nueva frontera, la ocupación de quienes son demasiado jóvenes como para descansar, demasiado interesados en vivir como para darle la bienvenida a la paz de la muerte. Aquellos que no pudieron cambiar ni un ápice del mundo mediante su esfuerzo, en paz crean el mundo de nuevo.

6.18 Aquí encuentran la más amable de las respuestas a sus preguntas. No requiere tiempo ni dinero ni el sudor de la frente cambiar el mundo: requiere solo amor. Un mundo perdonado es un todo completo, y en su plenitud es uno contigo. Es aquí, en la plenitud, donde mora la paz y está el cielo. Es en la plenitud donde el cielo espera por ti.

6.19 Piensa ahora en esto: ¿Cómo podría el cielo ser un lugar diferente? ¿Un pedazo de geografía distinto del resto? ¿Cómo podría no abarcarlo todo y aun así ser lo que es: hogar del hijo amado de Dios y morada de Dios mismo? Es porque Dios no está separado de nada que tú tampoco lo estás. Es porque Dios no está separado de nada que el cielo está donde tú estás. Es porque Dios es amor que todas tus relaciones son sagradas, y a partir de ellas puedes encontrar el camino a Él y a tu santo Ser.

6.20 ¿Acaso tus relaciones con tus seres queridos quedan truncadas cuando abandonan este mundo? ¿Acaso no piensas todavía en ellos? ¿Y no piensas en ellos como los que eran en vida? ¿Cuál es la diferencia, en tu mente, entre lo que fueron y lo que son tras la muerte? Si eres honesto admitirás una cierta envidia, un cierto reconocimiento de que ellos todavía existen, pero sin el peso del cuerpo, sin los límites que imperan sobre los que quedan. Tal vez todavía los imagines con forma corporal, pero los imaginas felices y en paz. Aun aquellos que reivindican no creer en Dios, o en una vida tras la muerte, cuando se les exige autenticidad, admiten que esa es una imagen que ilumina sus mentes con paz y esperanza. Esta imagen es tan antigua como el cielo y la tierra y todo lo que está más allá. No surgió de la fantasía ni pasó de una mente a otra como suelen hacerlo los cuentos. Es parte de tu conciencia de quien eres, una conciencia que niegas para dar paso a pensamientos de muerte tan sombríos, que convierten la vida en una pesadilla.

6.21 Lo que te ha llevado a una vida de infelicidad es tu negación de los pensamientos felices. Adoptas pensamientos de terror y pecado, pero a los pensamientos de resurrección y vida nueva los acallas antes de que tengan oportunidad de nacer y los llamas ingenuos. ¿Qué daño crees que te pueden hacer los pensamientos felices? A lo sumo puedes creer que son engañosos. Y a lo que temes es al desengaño. Todo aquello que alguna vez has deseado en la vida y no has podido cumplir, lo usas como prueba para negarte las esperanzas de cualquier clase. No puedes entender la diferencia entre desear lo que nunca puede ser y aceptar lo que es.

6.22 El mundo te decepciona sin remedio, pues tu concepto de él se basa en el engaño. Te has engañado solamente a ti mismo, y tu engaño no ha cambiado aquello que es, ni logrará hacerlo jamás. Solo Dios y Sus colaboradores designados pueden llevarte del engaño a la verdad. Has tenido tanto éxito en engañarte que ya no puedes ver la luz sin ayuda. Pero únete a tu hermano, y la luz comenzará a brillar, pues todos están aquí para ayudarte. Este es el propósito del mundo y del amor más amable: poner fin 
 al auto engaño y regresarte a la luz.

imagen corazón en círculo

domingo, 21 de septiembre de 2014

Meditación *ALEPH*

Meditación *ALEPH*

UN CURSO DE AMOR, CAPITULO 5 : LA RELACCION

Capítulo 5.  La relación

En cada unión, en cada entrega existe el amor. Cada unión, cada entrega es precedida por una suspensión del juicio. Por lo tanto, no es posible unirse a lo que se juzga. Lo juzgado permanece fuera de ti, y es eso que permanece fuera lo que te invita a hacer aquello que el amor no haría. Lo que permanece fuera es todo lo que no se ha unido a ti. Lo que se ha unido a ti deviene real en la unión, y lo real es solo amor.
— 5.12
5.1 El Cristo en ti es plenamente humano y plenamente divino. Como plenamente divino, nada le es desconocido. Como plenamente humano, lo ha olvidado todo. Por tanto, volveremos a aprender lo que, como Uno, ya sabemos. Esta unión de lo humano y lo divino se gesta en la presencia del amor, a medida que su aceptación derrumba todo aquello que te provoca temor y sufrimiento. Esta unión de lo humano y lo divino es tu propósito aquí, el único propósito digno de tu consideración.

5.2 Tú que has llenado tanto tu mente de divagaciones sin sentido y consideraciones que no piensan en nada que sea real, alégrate de que exista un modo de poner fin a este caos. El mundo que ves es un caos, y no hay nada en él, incluyendo a tus pensamientos, que sea digno de confianza. Por ello estos necesitan ser consagrados de nuevo, consagrados al único propósito digno de consideración: el propósito de unirte a tu verdadero Ser, el Cristo en ti.

5.3 Lo dije antes: solo aprendes en unión conmigo, porque solo en unión conmigo eres tu Ser. Ahora debemos ampliar tu comprensión de la unión y de la relación, así como tu comprensión de mí.

5.4 La unión es imposible sin Dios. Dios es unión. ¿Acaso esto no es semejante a decir Dios es Amor? El amor es imposible sin unión. Lo mismo vale para la relación. Dios crea toda relación. Cuando tú piensas en la relación, piensas primero en una relación y luego en otra, la que compartes con tal o cual persona amiga, con tu esposo o esposa, con un hijo, empleado o empleador, o un pariente. Al pensar en estos términos específicos pierdes el sentido de la relación: esta, en sí misma, es sagrada.


5.5 La relación existe aparte de los particulares. Esto es lo que no puedes concebir y lo que tu corazón necesita aprender de nuevo. Toda verdad es generalizable porque la verdad no se ocupa de los detalles específicos ni de las formas de tu mundo. Tú crees que la relación existe entre un cuerpo y otro, y mientras sigas pensando así, no entenderás la relación o la unión, ni llegarás a reconocer el amor tal como es.

5.6 La relación es lo que existe entre una cosa y otra. No es ni una cosa ni la otra. Tampoco es una tercera cosa, en el sentido de un tercer objeto, sino algo distinto. Cuando vas a escribir algo, eres consciente de que existe una relación entre tu mano y un lápiz, pero es una relación que das tan por sentada que has olvidado que existe. Toda verdad reside en la relación, inclusive en una tan simple como esta. El lápiz no es real, ni la mano que lo toma. Sin embargo la relación entre ellos lo es totalmente. “Cuando dos o más se reúnen” no es una orden para que se unan los cuerpos. Es una declaración que describe lo auténticamente real, la única realidad que existe. Lo real es esa unión, y es la causa de que toda la creación entone un cántico de júbilo. Ninguna cosa existe sin la otra. Causa y efecto son una misma cosa. Por tanto, ninguna cosa puede causar otra sin que sean una, o estén unidas, en la verdad.

5.7 Empezamos a trazarte un nuevo cuadro, un cuadro de cosas que antes eran invisibles a tus ojos pero que tu corazón veía. Tu corazón conoce el amor sin verlo. Tú le das forma y dices: “Amo a esta persona” o “amo aquello”, sin embargo tú sabes que el amor existe independientemente del objeto de tu afecto. El amor está más allá del marco de este mundo. Tú te aferras a objetos para atraparlo y ponerle un marco a su alrededor, exhibirlo en la pared como un cuadro y decir: “El amor es esto”. Pero cuando lo has atrapado y colgado para que todos lo vean y contemplen, te das cuenta que eso no es el amor. Comienzas entonces a erigir tus defensas, las evidencias que citas para decir: “En verdad, esto es el amor y lo tengo aquí; cuelga de mi pared y lo veo; es mío, lo poseo, conservo y cuido. Mientras permanezca donde pueda verlo es real, y yo estoy a salvo”.

5.8 “Ah”, piensas, cuando encuentras amor, “ahora mi corazón canta; ahora sé qué es el amor”. Y asocias el amor que has encontrado a la persona en quien lo has encontrado, e inmediatamente buscas preservarlo. Hay millones de museos del amor, muchos más que altares. Sin embargo, tus museos no pueden preservar el amor. Te has convertido en un coleccionista, antes que en alguien que reúne. Tu temor ha crecido tanto que por seguridad coleccionas todo lo que podría combatirlo. De manera semejante al marco para el amor que cuelga en tu pared, las colecciones que llenan tus estantes, ya sean de ideas, dinero o cosas para contemplar, son intentos desesperados de guardar para ti algo apartado de lo demás. Al separar el amor, reconoces que no tiene lugar aquí, pero también te separas tú y todo aquello que defines como valioso. Construyes tus bancos, así como tus museos, a modo de palacios para el amor, y dejas de ver los becerros de oro que se esconden en los muros de palacio.

5.9 Esta compulsión a preservar las cosas no es sino afán por dejar una marca en el mundo, una marca que diga: “He conseguido mucho durante mi permanencia en este mundo. Estas cosas que amo son las que dejo, mi legado, las que declaran que yo estuve aquí”. Una vez más la idea es correcta, pero está tan tristemente fuera de lugar, que se convierte en una burla de lo que eres. El amor sí marca tu lugar, pero en la eternidad, no aquí. Lo que dejas atrás nunca es real.

5.10 El amor reunido en la unión es una celebración. El amor coleccionado no es más que una imitación. Es necesario reconocer y comprender esta diferencia, así como el impulso a separar el amor de todo lo demás, pues la comprensión de estos impulsos puede ser tan esclarecedora que puede comenzar a traer salud a un mundo demente.

5.11 Todavía no crees ni comprendes que los impulsos que sientes como reales, no son ni buenos ni malos. Tus auténticos sentimientos provienen del amor, pero tu respuesta a ellos está orientada por el temor. Incluso los sentimientos de destrucción y violencia provienen del amor. Tú no eres malo y no tienes sentimientos que puedan ser calificados de malos. Pero estás desorientado respecto del significado de tus sentimientos y de cómo estos pueden traerte amor a ti, y conducirte a ti al amor.

5.12 Las lecciones del amor se aprenden comprendiendo la relación entre lo que sientes y lo que haces. Cada sentimiento pide que te entregues a una relación con él, pues en él encontrarás amor. En cada unión, en cada entrega existe el amor. Cada unión, cada entrega es precedida por una suspensión del juicio. Por lo tanto, no es posible unirse a lo que se juzga. Lo juzgado permanece fuera de ti, y es eso que permanece fuera lo que te invita a hacer aquello que el amor no haría. Lo que permanece fuera es todo lo que no se ha unido a ti. Lo que se ha unido a ti deviene real en la unión, y lo real es solo amor.

5.13 ¿Puedes ver el lado práctico de esta lección? ¿Qué terror puede provocar un impulso violento que, cuando se une al amor, se convierte en otra cosa? Un impulso violento puede significar muchas cosas, pero siempre late en él un abrumador deseo de paz. Esta paz puede significar la destrucción de lo viejo, y el amor puede facilitar el ascenso y la caída de muchos ejércitos. ¿Qué huestes de destrucción pueden estremecer el mundo cuando son llevadas al amor?

5.14 Dentro de ti el mundo está seguro y a salvo. No reina el terror ni acechan pesadillas en la noche. Una vez más describiré la diferencia entre lo que está dentro y lo que está fuera. Adentro está todo lo que se ha unido a ti, afuera está todo lo que mantienes separado. Toda relación que hayas tenido alguna vez permanece dentro de ti. Mientras que todo aquello que has apartado, etiquetado, juzgado y apilado en los estantes permanece fuera de ti.

5.15 En esto consisten los dos mundos. Aquel que ves como real es el que mantienes fuera de ti y puedes ver con los ojos del cuerpo. Aquel que no ves y en el que no crees es el que no puedes ver en el exterior. Sin embargo, este último es el real. Ver ese mundo real en el interior requiere otro tipo de visión: la visión del corazón, la visión del amor, la visión de Cristo en ti.

5.16 Te asomas a la puerta de tu casa y ya sea que veas calles urbanas iluminadas, o calles atestadas de desperdicios y delincuencia, o campos sembrados, afirmas que ese es el mundo real. Es el mundo al que sales para ganarte la vida, recibir educación, encontrar pareja. La casa en la que moras, en cambio, como tu mundo interior, es donde vives la vida que mayor sentido tiene. Es donde se forman tus valores, donde tomas decisiones, donde encuentras seguridad. La comparación no es ociosa. Tu hogar está dentro de ti y es real, tan real como parece serlo la casa que has hecho dentro del mundo. Puedes decir que el mundo real está fuera de ti del mismo modo en que imaginas que el mundo real está más allá de las puertas de tu casa, pero decirlo no lo convierte en verdad.

5.17 Tu continuo deseo de mantener una relación con el mundo que está fuera de ti, es la única causa de que ese mundo permanezca. Esto se debe a que no defines la relación como una unión. Aquello con lo que te unes deviene real. Cuando lo integras en tu interior lo conviertes en real porque lo conviertes en uno con tu Ser real. Esto es lo real. Todo aquello con lo que no te unes permanece fuera de ti y es una ilusión, pues lo que no es uno contigo no existe.

5.18 De esta manera te conviertes en un cuerpo que se mueve en un mundo ilusorio donde nada es real y nada sucede en verdad. Este mundo ilusorio está lleno de cosas que te han dicho y que te has dicho que debes hacer, pero no quieres. Cuantas más cosas de estas haya en tu vida, más se empequeñece tu realidad. Todo lo que podría unirse a ti y convertirse en parte del mundo real de tu creación, queda fuera de tu alcance.

5.19 Nada hay en tu mundo que no pueda convertirse en sagrado mediante la relación contigo, pues tú eres la misma santidad. No lo sabes porque llenas tu mente y dejas vacío el corazón. Tu corazón solo se llena mediante la relación o la unión. Un corazón pleno eclipsa una mente plena, pues no deja espacio para los pensamientos insensatos, sino solo para aquello que es verdaderamente real.

5.20 Queda entonces propuesto el primer ejercicio para tu mente —y el único—, de este curso: dedica tu pensamiento a la unión. Cuando tu mente se llena de pensamientos sin sentido, cuando aparecen resentimientos, cuando te invaden las preocupaciones, repite el pensamiento que abre el corazón y despeja la mente: “Dedico todo pensamiento a la unión”. Toda vez que necesites reemplazar pensamientos sin sentido, piensa en esto y repítelo una y cien veces si es necesario. No necesitas imaginar con qué reemplazarás tus pensamientos sin sentido, pues tu corazón intercederá satisfaciendo su anhelo de unión tan pronto como hayas expresado tu voluntad de dejar que lo haga.

5.21 Todavía no comprendes la tenacidad de tu resistencia a esa unión que transformaría el infierno en cielo, y la locura en paz. Todavía no comprendes tu capacidad para elegir aquello a lo que das realidad, en tu creación del mundo. El único significado del libre albedrío es este: qué eliges unir contigo, y qué eliges dejar fuera de ti mismo.

5.22 Tu deseo de separación es el más demente de todos cuantos hayas concebido. Por encima de tu anhelo de unión colocas este deseo de estar solo y separado. Toda tu resistencia a Dios se basa en él. Crees que has elegido distanciarte de Dios para poder seguir tu propio camino, pero al mismo tiempo que anhelas regresar a Dios y al cielo que es tu hogar, no quieres admitir que no puedes hacerlo solo. Has convertido a la vida en una prueba y crees que puedes pasarla, o fracasar, por tus propios méritos. Sin embargo, cuanto más te esfuerzas para lograrlo, más te das cuenta de la futilidad de tus esfuerzos, aunque no quieras admitirlo. Te aferras al esfuerzo como si fuese el camino a Dios, y no quieres creer que todo esfuerzo es en vano, o que existe una solución más simple. Pero en tu mundo, una solución simple que no exija esfuerzo alguno, carece de valor. El individuo, te dices, se hace mediante el esfuerzo, y sin este, no existiría. En esto tienes razón, pues mientras pretendes ser un individuo, te niegas a ti mismo la unión con todos los demás.

5.23 Todos tus esfuerzos por ser un individuo se concentran en la vida del cuerpo. Tu concentración en la vida del cuerpo pretende mantenerlo separado. “Superar” es tu eslogan mientras luchas por vencer todos los obstáculos y adversidades que te impiden tener todo lo que crees que quieres tener. Esta es tu definición de la vida, y mientras rige, determina la vida que ves como real. Te presenta miles de opciones, no una vez, sino muchas, hasta que crees que tu poder de elección es una fantasía y que en realidad eres impotente. En consecuencia, restringes aquello que quieres, y sales en su busca con toda determinación, convencido de que hay que trabajar duro para conseguir la única opción que queda bajo control. Crees que si dejas de lado todo lo demás y te concentras solo en esta opción, tarde o temprano alcanzarás el éxito. Así se expresa la fe en tu capacidad de maniobra en el mundo que has creado; y si finalmente logras el éxito, sientes que esa fe está justificada. No te detienes a examinar el coste. Sin embargo, este pronto se torna evidente. En vez de sentir que has ganado, te encuentras intentando superar una sensación de pérdida. ¿En qué te equivocaste?, te preguntas. ¿Por qué no estás satisfecho con todo lo que has logrado?

5.24 Una vez que lo has logrado, este “conseguir lo que tú quieres” que dirige tu vida, demuestra que eso no es, precisamente, lo que querías. Cuando esto ocurre, simplemente crees que elegiste mal, por tanto eliges otra cosa, y luego otra más, sin detenerte a considerar que estás eligiendo entre ilusiones. ¡Y te sorprendes de no haber encontrado la felicidad! Mientras tanto, sigues viviendo la vida como una prueba, obligándote a alcanzar un logro tras otro, seguro de que el próximo será el truco para tu felicidad.

5.25 Y sí, se trata realmente de un truco, pues lo que fracasó una vez, va a fracasar de nuevo con total seguridad. Necesitas detenerte ahora mismo y abandonar lo que crees que quieres.

5.26 Detente ahora y observa tu reacción ante estas palabras, y la tenacidad de tu resistencia. ¿Abandonar lo que quieres? Sin duda esto es lo que esperabas que Dios te pidiera, y aquello contra lo cual te has protegido toda la vida. ¿Por qué tendrías que hacer este sacrificio? ¿Para qué vivirías? Quieres tan poco…, ¿cómo se te puede pedir que lo abandones?

5.27 En verdad quieres poco, y solo cuando cobras conciencia de esto puedes proceder a reivindicar todo lo que es tuyo.

5.28 Con cada unión a la que te entregas, tu mundo real se agranda, al mismo tiempo que decrece aquello que te aterroriza. Esta es la única pérdida provocada por la unión, y no es más que la pérdida de una ilusión. A medida que la unión te resulta más atractiva, comienzas a preguntarte cómo se produce. Debe haber algún secreto que no conoces. ¿Cuál es la diferencia entre proponerte una meta y alcanzarla, y unirte con algo?

5.29 No sería necesario que fueran dos cosas aparte, pero lo son por tu propia elección, la elección de lograr por tu cuenta lo que quieres. Esta es la diferencia entre unión y separación. Separación es todo lo que percibes por tu cuenta. Unión es todo aquello a lo que me invitas, y compartes con Dios. No estás solo ni estás sin tu Padre, pero la invitación es necesaria para que tomes conciencia de esa presencia. Así como yo lo fui, tú eres simultáneamente humano y divino. Aquello que tu yo humano ha olvidado, tu verdadero Ser lo resguarda a la espera de que le des la bienvenida para dártelo a conocer una vez más.

5.30 A Dios lo conoces en las relaciones, pues estas son lo único real. Dios no puede ser visto en las ilusiones ni puede ser conocido por quienes le temen. Todo temor es temor a las relaciones y, por consiguiente, miedo a Dios. Puedes aceptar el terror que reina en otra parte del mundo porque no te sientes relacionado con él. Solo en la relación las cosas se vuelven reales. Eres consciente de esto y por lo tanto te esmeras por mantener lejos de ti todo aquello que aumentaría tu desasosiego y sufrimiento. Pero es un error pensar que una relación puede provocar terror, desasosiego o sufrimiento.

5.31 Crees que estar en contacto con la violencia es tener una relación con ella. No es así. Si lo fuera, estarías unido a todo aquello con lo que entras en contacto, el mundo sería el cielo, y todo lo que ves sería bendecido por tu santidad. El hecho de que andes por el mundo sin relacionarte con él es lo que provoca tu alienación del cielo que podría ser.

5.32 Recuerda ahora un día maravilloso. Todo el mundo ha vivido por lo menos un día brillante en un mundo de oscuridad. Un día en que el sol brillaba en tu mundo y tú te sentías parte de todo. Cada árbol y cada flor te daban la bienvenida. Cada gota de agua parecía refrescar tu alma, y cada soplo de brisa te transportaba al cielo. Cada sonrisa parecía dirigida a ti, y tus pies parecían apenas tocar el suave suelo que pisabas. Esto es lo que te espera a medida en que te unes con lo que ves. Esto es lo que te espera cuando dejas de colocar juicios sobre el mundo, y al dejar de hacerlo, te unes a todo, y extiendes tu santidad a través de un mundo de pesares, haciendo que se convierta en un mundo de alegría.imagen corazón en círculo

martes, 9 de septiembre de 2014

UN CURSO DE AMOR, CAPITULO 4: LA EQUIDAD DEL AMOR

Capítulo 4. La equidad del amor
Toda tu larga búsqueda de pruebas de la existencia de Dios termina cuando reconoces qué es el amor. Y esta prueba también establece la prueba de tu existencia. Pues en tu anhelo de amor también reconoces anhelo por tu Ser.
— 4.4
4.1 ¿Tienes que amar a Dios para saber qué es el amor? Cuando amas con pureza, conoces a Dios, ya seas consciente de ello o no. ¿Qué significa amar con pureza? Significa amar por el simple amor. Simplemente amar. No tener falsos ídolos.
4.2 Antes de que puedas amar por amar, los falsos ídolos deben ser expuestos a la luz y en ella ser vistos como la nada que son. ¿Qué es un falso ídolo? Aquello que crees que el amor conseguirá para ti. Tienes derecho a todo lo que el amor te daría, pero no a lo que crees que te va a ser provisto a través de su adquisición. Este es un ejemplo clásico de la falta de reconocimiento de que “el amor es”.
4.3 El amor y el anhelo están tan íntimamente ligados porque quedaron vinculados en el momento de la separación, cuando nacieron simultáneamente la elección de apartarse del amor y la elección de regresar. El amor nunca se perdió, sino que quedó oscurecido por un anhelo que, interpuesto entre tú y tu Fuente, al mismo tiempo ocultaba Su luz y te advertía de Su presencia eterna. El anhelo es la prueba de la existencia del amor, pues aun aquí no anhelarías lo que no recuerdas.
4.4 Toda tu larga búsqueda de pruebas de la existencia de Dios termina cuando reconoces qué es el amor. Y esta prueba también establece la prueba de tu existencia. Pues en tu anhelo de amor también reconoces anhelo por tu Ser. ¿Por qué habrías de preguntarte quién eres tú, y cuál es tu propósito aquí, si no fuese porque reconoces, con el anhelo como testigo, aquello que temes no ser, pero que seguramente eres?
4.5 Todo miedo termina cuando queda establecida la prueba de tu existencia. Todo miedo tiene su fundamento en la incapacidad de reconocer el amor y, por tanto, quién eres y quién es Dios. ¿Cómo podrías evitar el miedo con una duda tan poderosa como esa? ¿Cómo no habrías de regocijarte cuando la duda se desvanece y todo el espacio que antes ocupaba la duda es llenado por el amor? Cuando la duda se disipa, no quedan sombras. Nada se interpone entre el hijo de Dios y la propia Fuente del hijo. No hay nubes que oculten el sol y la noche se hace día.
4.6 Hijo de Dios, aquí eres un extraño, pero no necesitas serlo para tu Ser. En el conocimiento de tu Ser, toda amenaza de tiempo, espacio y lugar se disuelve. Todavía puedes caminar en un lugar extraño pero sin estar inmerso en una niebla de amnesia, que oscurece lo que sería una breve aventura y la reemplaza con sueños de terror y confusión tan desenfrenados que sentirse seguro es imposible mientras el día se hace noche sin fin, en larga marcha hacia la muerte. Reconoce quién eres y la luz de Dios irá ante ti, iluminando cada sendero, y disipando la niebla de los sueños, de los que despiertas imperturbable.
4.7 Solo el amor tiene el poder de transformar este sueño de muerte en una conciencia despierta de la vida eterna.
4.8 Ansiar, aprender, buscar, adquirir, la necesidad de poseer, la necesidad de guardar, la ambición, el apetito, la pasión… todas estas cosas que has fabricado para reemplazar lo que ya tienes te pueden conducir de regreso, de igual modo que pueden perderte más. Dónde te llevará lo que has fabricado, depende solo de tu decisión. Una decisión que, disfrazada de muchas maneras, se reduce sencillamente a esta: ir hacia el amor, o retirarte de él, creer que te es dado o quitado.
4.9 Amor es todo lo que satisface la ley de Dios en tu mundo. Todo lo demás supone que lo que uno tiene le es negado a otro. Y aunque el amor no puede ser aprendido ni practicado, hay una práctica que necesitamos realizar para reconocer la presencia del amor. Consiste en la práctica de vivir bajo la ley del amor, una ley de ganancias y nunca de pérdidas, una ley que dice que cuanto más das, más ganas.
4.10 No hay perdedores ni ganadores bajo la ley de Dios. A ninguno se le da más que a otro. Dios no puede amarte a ti más que a tu prójimo, ni tú puedes recibir más amor de Dios que el que ya tienes, ni un lugar mejor en el Cielo. La mente, bajo la dirección del ego, se preocupa por ganar y perder, por luchar por un lugar mejor. El corazón no conoce estas distinciones, y quienes piensan que sus corazones han aprendido a través de los golpes y maltratos sufridos en la experiencia, pueden alegrarse de que eso no sea cierto. Crees en esta ilusión porque tu mente la ha fabricado. Tus pensamientos han repasado una y otra vez todo el sufrimiento que el amor te provocó. Y se aferra a esas ocasiones en que el amor fracasó, porque no reconoce que el amor no puede fracasar.
4.11 Tus expectativas y tus falsas percepciones acerca de tus hermanos y hermanas son la causa de que creas que el amor puede fracasar, ser perdido, retirarse, o convertirse en odio. La falsa percepción de tu Padre es lo que ha derivado en que toda otra percepción sea falsa, incluyendo la que tienes de tu propio Ser.
4.12 Cuando piensas en actuar desde el amor, tus pensamientos sobre este están basados en el sentimentalismo, por tanto, debes desafiarlos. Amar no es ser amable cuando te sientes de mal humor. Amar no es hacer buenas obras de caridad y servicio. Amar no es tirar la lógica por la borda y actuar de un modo alocado, que puede pasar como alegre, pero sin poder disfrazarse de gozo. Cada uno tiene en su mente la imagen de alguien que piensa que sí que sabe lo que el amor es. Quizá sea una persona mayor, siempre amable y bondadosa, que no tiene palabras duras con nadie, y que no se obsesiona por su propio yo. Tal vez sea una madre cuyo amor es ciego y está dispuesta a sacrificarse. Otros pueden imaginar un matrimonio de muchos años en el que cada miembro se entrega devotamente para la felicidad del otro, o en un padre ofreciendo amor incondicional, o en un sacerdote o un pastor que guía a los demás. A cada una de estas personas que admiras, le adjudicas atributos que tú no tienes y que algún día podrás tener, a su debido tiempo. Porque… ¿a que ahora piensas que esa actitud amable no te serviría? ¿A que crees que no te serviría ese amor ciego y tan sacrificado, que pide un precio tan alto… ni tanta devoción, ya que esta solo sería adecuada para alguien cuya pareja fuera más amorosa que la tuya…, ni ese amor incondicional que, siendo bueno, debería ser atemperado por el sano juicio? Y, sin duda, crees que esa capacidad para guiar a otros debes ganarla mediante la adquisición de una sabiduría que no está a tu alcance.
4.13 Entonces, tu imagen del amor se basa en la comparación. Eliges a alguien que apunte hacia lo que más careces, y utilizas esa imagen para castigarte mientras afirmas que eso es lo que quieres.
4.14 Tus ideas sobre estar enamorado pertenecen a otra categoría muy distinta. En este contexto, el amor no solo rebosa de sentimentalismo, sino también de romance. Pocas veces este estado del amor es considerado duradero, o como algo que pueda mantenerse. Es el anhelo de los jóvenes y el sueño despierto de los ancianos. Es sinónimo de pasión y de un desbordarse de los sentimientos, que desafía al sentido común. Estar enamorado es ser vulnerable, porque una vez que el sentido común no ha podido hacerte actuar tal y como se espera de ti, puedes olvidarte de vigilar a tu corazón, y de esconder tu verdadero Ser. En verdad, es peligrosa esta actitud en un mundo donde la confianza puede convertirse en traición.
4.15 Cada uno ha albergado un ideal de cómo sería la pareja perfecta, y ese ideal ha cambiado con el tiempo. Quienes están más atados al ego piensan en estatura y riqueza, en la belleza física y en los condicionamientos de una buena crianza. Quienes son más inseguros piensan en una pareja que los colme de halagos, regalos y de una atención incansable. Quienes valoran la independencia buscan una pareja sana, que no exija demasiado, compañera y amante, que resulte conveniente dentro del marco de una vida atareada.
4.16 Crees que puedes enamorarte de la persona inadecuada y elegir de una mejor manera, basándote en criterios más importantes que el del amor. Crees, por tanto, que el amor es una elección, que es algo que se le da a unos, y no a otros. Esperas ser un ganador en este juego que juegas, esperas ser un elegido a quien le será devuelto amablemente cada gramo de amor que da. Este es un acto de compensación que realizas con el don más sagrado de Dios, y te resientes al dar amor cuando la ganancia es poca. Aun así, en esta reticencia, reconoces la verdad de lo que el amor es.
4.17 En ninguna otra área de la vida esperas tanta imparcialidad, o un intercambio tan equitativo. Entregas tu mente a una idea, tu cuerpo a un trabajo, tus días a actividades que no te interesan ni te satisfacen. Aceptas la paga dentro de los límites que has dispuesto, esperas que cierto grado de prestigio acompañe a determinados logros, aceptas que debes cumplir determinadas tareas a fin de sobrevivir. En estos terrenos esperas que haya cierta equivalencia entre lo que das y lo que recibes. Esperas que tu trabajo duro produzca resultados, que la cena que preparas sea apreciada, que tus ideas sean recibidas como inspiradas. Pero no te haces ilusiones. De hecho, a menudo supones lo contrario y te sientes agradecido ante cada reconocimiento que el mundo te brinda por la forma en que pasas tus días. Pues si hay algo que haces es pasar los días, hasta que el número de días reservados para ti se agota y mueres. La vida no es justa, dices, ni se supone que deba serlo. Pero el amor es distinto.
4.18 En esto tienes razón, pues el amor nada tiene que ver con tu imagen de la vida, ni se parece a la forma en que pasas tus días, ni a la manera en que tus días han de terminar. En tu percepción de lo que haces aquí, el amor parece ser algo aparte. Crees que esta separación otorga poca relevancia al amor dentro de otras áreas de tu vida. El amor se ve como algo personal, algo que otra persona te da de manera especial solo a ti, y que tú le das solo a él o ella. Tu vida amorosa nada tiene que ver con tu vida laboral, con los asuntos que atañen a la supervivencia, con tu capacidad para el éxito, o con tu estado de salud y bienestar.
4.19 Incluso tú, que no reconoces qué es el amor, proteges lo que llamas amor de las ilusiones que has fabricado.
4.20 Una cosa apartada de la demencia del mundo es útil ahora. Quizá no sea aquello que el amor es, pero aquello que el amor es te ha guiado en la elección de apartar el amor de lo que tú llamas mundo real, que es de hecho la suma total de lo que tú has fabricado. El mundo por donde tanto te empeñas en navegar es aquello que tú has hecho de él, es un lugar donde el amor no encaja y, en verdad, ni entra. Pero el amor ha ingresado en ti para no abandonarte, y entonces, por tanto, tampoco tú debes tener tu lugar en ese mundo que has fabricado, sino que debes tener otro lugar donde te sientas como en casa, y donde puedas morar en la presencia del amor.
4.21 Entre vosotros hay afortunados que han construido dentro de su mundo un lugar que recuerda al hogar. Es el lugar donde protegéis el amor tras puertas cerradas. Es donde regresáis tras vuestras incursiones en el mundo que habéis fabricado, y donde, una vez dentro, creéis que dejáis la demencia puertas afuera. En él te sientes seguro, rodeado de tus seres queridos. En él compartes las aventuras diarias, tratas de comprender las que puedes, y dejas fuera las que no puedes, y allí recuperas las fuerzas necesarias para salir de nuevo por esas puertas, a otro día más. Te pasas la vida con la intención de retirarte a ese lugar de amor seguro que has construido en un mundo de demencia, con la esperanza de vivir hasta poder ver el día en que puedas dejar la demencia atrás y seguir encontrando amor tras las puertas que has atravesado tantas veces en una jornada gastada para ganarte tu derecho a no abandonar más ese mundo.
4.22 Hay quienes llaman egoísta a esta vida y se preguntan de qué manera los ocupantes de este sueño a medias feliz han obtenido el derecho de darle la espalda al mundo, aun por las pocas horas en que se hace creíble que así pueden hacerlo. Hay quienes solo están dispuestos a aceptar, para sí mismos y para los demás, una interacción a gran escala con el mundo de la demencia. Son los enfadados, que exigen de los demás que vuelquen el amor que tengan sobre la demencia, y que asuman la responsabilidad por los desatinos que se cometieron, que intenten restablecer el orden en el caos, o cualquier otra cosa con tal de sentirse menos solos ante aquello que su cólera les muestra. El amor, dicen los enfadados, no puede apartarse, por lo tanto no sienten amor ni pueden verlo. Sin embargo, ellos también reconocen el amor tal como es cuando claman: “no puedes tenerlo mientras todos estos otros no lo tengan. No puedes reservarlo para ti cuando tantos lo necesitan”.
4.23 Donde miras hallas pruebas de la diferencia que marca el amor. Esta diferencia es tu salvación. El amor no es como ninguna de todas las demás cosas que ocurren aquí. Por eso se le han construido lugares de culto, sacramentos que protegen la santidad del amor, y por eso tu hogar alberga a quienes amas con mayor afecto.
4.24 Así es como tu percepción del amor te ha preparado para lo que es el amor. Pues dentro de ti está el altar para que adores, dentro de ti la santidad del amor ha sido resguardada, dentro de ti mora el Anfitrión que ama a todos con el mayor afecto. Dentro de ti está la luz que te mostrará aquello que el amor es, y ya no lo apartará más de la vida. El amor no puede ser llevado al mundo de la demencia ni el mundo de la demencia puede ser llevado al amor. En cambio, el amor puede permitir que sea contemplado un nuevo mundo, un mundo que te permitirá morar en la presencia del amor.
4.25 Toma todas las imágenes que te has hecho del amor como algo apartado y extiéndelas más allá de las puertas del amor. ¿Acaso un mundo de amor marcaría diferencia alguna para quienes han cerrado sus puertas al mundo? Una vez el amor se una al mundo, cuán vasto sería el alcance donde su mundo de amor podría extenderse. Qué poca necesidad habría de que los coléricos conservaran su enfado cuando el amor se ha unido al mundo. Pero el amor, en verdad, se une al mundo, y es en esta unión donde mora el amor, santo como es en sí mismo.
4.26 El mundo no es sino un reflejo de tu vida interior, la realidad que todas tus estrategias y defensas no te mostraron, y para la cual no te prepararon. Te preparas para todo lo que ocurre fuera de ti y no para lo que ocurre dentro de ti. Sin embargo, es una unión que tiene lugar en tu interior la que produce la unión de todo el mundo, para que todo el mundo lo vea. Esta unión del mundo en el interior es el reconocimiento de aquello que el amor es, a salvo dentro de ti y de tu hermano, cuando os unís en la verdad. No pienses que esta unión es una metáfora, una sucesión de palabras bellas que te darán consuelo si las tienes en cuenta, un sentimiento más en un mundo donde las palabras bonitas reemplazan aquello que deberían significar. Esta unión es la meta que buscas, la única meta digna de la llamada del amor.
4.27 Esta meta es algo aparte del resto, una meta que no toca a lo que percibes como un mundo sin amor. No tiene relación con el mundo que está fuera de ti, sino con el mundo interior, donde en presencia del amor el mundo exterior y el mundo interior se hacen uno para dejar atrás la visión del mundo que tú has llamado tu hogar. Este mundo extraño donde te has sentido tan solo y asustado persistirá un poco más, pero ya no te aterrorizará, hasta que finalmente se disolverá en la nada de donde vino, mientras un nuevo mundo emerge para ocupar su lugar.
imagen corazón en círculo