martes, 23 de septiembre de 2014

UN CURSO DE AMOR,CAPITULO 6: PERDON / UNION

Capítulo 6.  Perdón/unión

El desafío ahora reside en crear antes que en lograr. Con la paz, los logros se trasladan al ámbito donde realmente vale la pena desearlos, y donde realmente pueden tener lugar. Con tu logro, llega la libertad y el desafío de crear. La creación se convierte en la nueva frontera, la ocupación de quienes son demasiado jóvenes como para descansar, demasiado interesados en vivir como para darle la bienvenida a la paz de la muerte. Aquellos que no pudieron cambiar ni un ápice del mundo mediante su esfuerzo, en paz crean el mundo de nuevo.


6.1 La unión descansa sobre el perdón. Ya has oído esto antes pero no comprendes qué cosa deberías perdonar. Debes perdonar la realidad por ser como es. La realidad, lo auténticamente real, es la relación. Debes perdonar a Dios por crear un mundo en el que no puedes estar solo. Debes perdonar a Dios por crear una realidad que se comparte, antes de estar en condiciones de comprender que esta es la única realidad que desearías tener. Debes perdonar esta realidad por ser diferente de lo que siempre imaginaste que era. Debes perdonarte a ti mismo por no poder hacerlo por tu cuenta. Debes perdonarte a ti mismo por ser lo que eres, un ser que solo existe en relación. Debes perdonar a todos por ser como tú. Ellos tampoco pueden estar separados, sin importar lo duramente que se esfuercen para ello. Perdónales. Perdónate. Perdona a Dios. Entonces estarás preparado para comprender realmente cuán diferente es vivir en la realidad de la relación.



6.2 Tu hermano no existe aparte de ti, ni tú de tu hermano. Esta es la realidad. Tu mente no está contenida dentro de tu cuerpo sino que es una con Dios y la compartes con todos tus semejantes. Esto es la realidad. El corazón, que es el centro de tu ser, es el centro de todo lo que existe. Esto es la realidad. Ninguna de estas cosas te hace menos de lo que habías percibido ser, pero hace imposible que estés separado. Puedes desear lo imposible hasta el final de tus días, pero no puedes convertirlo en posible. ¿Por qué no perdonas al mundo por ser distinto de lo que pensabas que es, y comienzas a aprender cómo es en realidad? Para eso existe el mundo, y cuando hayas aprendido lo que tiene para enseñarte, ya no lo necesitarás, lo dejarás ir con alegría, y en su lugar hallarás el cielo.

6.3 Esto es lo que te enseñan todas las palabras, símbolos, formas y estructuras de tu mundo de la manera más simple y directa posible. No estás solo ni separado, nunca lo estuviste y nunca lo estarás. Todas las ilusiones pretenden ocultar este hecho porque preferirías otra cosa. Solo cuando dejes de desear lo que no puede ser, podrás ver aquello que es.

6.4 Quienes menos me aceptaron como profeta y salvador fueron aquellos que más se parecían a mí, los que me vieron crecer, trabajaron junto a mis padres y vivieron en el mismo pueblo. Fue porque sabían que yo no era diferente de ellos y no podían aceptar que eran iguales a mí. Tanto ellos en su tiempo como vosotros ahora, no sois diferentes de mí. Somos semejantes porque no estamos separados. Dios creó el universo como un todo interrelacionado. El hecho de que el universo sea un todo interrelacionado es algo que ni siquiera es discutido por la ciencia. Aquello que has construido para ocultar tu realidad se ha convertido, con la ayuda del Espíritu Santo, en lo que te enseñará a entenderla. Pero aun así, te rehúsas a escuchar y a aprender. Todavía prefieres que las cosas sean distintas y, mediante tu preferencia, eliges mantenerlas así.

6.5 ¡Haz una nueva elección! La elección que tu corazón anhela hacer y que tu mente encuentra cada vez más difícil negar. Cuando eliges la unión antes que la separación, eliges la realidad antes que la ilusión. Acabas con la oposición eligiendo la armonía. Acabas con el conflicto, eligiendo la paz.

6.6 Todo esto es obra del perdón. El perdón del error original: la elección de creer que eres un ser separado a pesar de que no es así ni podrá serlo jamás. ¿Qué creador amoroso crearía un universo donde tal cosa fuese posible? Un ser aparte sería un ser creado sin amor, pues el amor crea a su semejanza y es uno con aquello que ha creado. Darte cuenta de esta simple verdad te iniciará en el camino del aprendizaje de lo que tu corazón quiere que aprendas.

6.7 El hecho de que no estés solo en el mundo demuestra que no estás hecho para la soledad. Todo lo que hay a tu alrededor te ayuda a percibir de manera correcta, y luego a ir más allá de la percepción, hacia la verdad
.
6.8 ¿Qué es lo opuesto de la separación sino estar unido en relación? Todo lo que se une en relación contigo es sagrado porque tú lo eres. Cualquiera de los contrastes que ves lo ejemplifica. Solo ves el mal en relación con el bien. Ves el caos en relación con la paz. Cuando ves cada una de estas cosas como una entidad aparte, no ves lo que la relación te muestra. El contraste pone en evidencia, por eso es una de las herramientas favoritas del Espíritu Santo. El contraste revela la relación que existe entre la realidad y la ilusión. Cuando eliges negar esta relación, optas por un sistema de pensamiento basado en lo contrario de tu realidad. Por lo tanto, cada negación de la unión revela su opuesto. Lo que está separado de la paz es caos. Lo que está separado del bien es maldad. Lo que está separado de la verdad es locura. Puesto que no puedes estar separado, todos estos factores que se oponen a tu realidad solo existen por contraste con ella. Esto es lo que elegiste crear cuando pretendiste ser lo que no puedes ser. Eliges vivir en oposición a la verdad, y la oposición es algo que tú construyes.

6.9 ¡Vuelve a elegir! Y abandona el temor a lo que la realidad puede traerte. ¿Qué podría ser más demente que aquello que ahora llamas cordura? ¿Qué pérdida puede haber cuando te unes a aquello que es semejante a ti? Está a solo un paso de donde te encuentras ahora, tan indefenso y solo.

6.10 Sin embargo, temes. Y mantener el temor te tiene muy ocupado. Avivas su fuego para que no se apague y te deje inmerso en una calidez que no es de este mundo. Esta es la calidez en que quieres vivir, una calidez tan abarcadora que ningún frío invernal volverá a surgir nunca. Pero aun así, eliges el fuego. Eliges el fuego del infierno antes que la luz del cielo. Solo tú puedes atizar el fuego y por eso te resulta deseable. Una calidez que no es de este mundo, que se ofrece libremente sin que tengas que trabajar por ella, te provoca desconfianza. ¿Cómo puede ser para ti si no tienes que invertir ningún esfuerzo para ganártela? Y aun si fuese verdad, ¿qué pasa entonces? Algunos —te dices— se van a vivir cerca del ecuador donde el sol brilla todos los días y no hay necesidad de encender un fuego. Pero tú no. Tú —te dices— prefieres las cuatro estaciones, el frío y el calor, la nieve y la lluvia, la oscuridad de la noche y las nubes que ocultan el sol. ¿Qué sería la vida sin ellas? El sol perpetuo sería demasiado fácil, carente de imaginación, estéril. Tener todos los días lo mismo no sería interesante por ahora. Tal vez más adelante, cuando seas viejo y te hayas cansado del mundo. Tal vez entonces te sientes al sol.

6.11 Este es el cielo según tu mente, el significado de la unión, el rostro que le das a la paz eterna. Con semejante visión en tu mente no es ninguna sorpresa que la rechaces o que la postergues hasta el final de tus días. Un cielo como este es para los ancianos y desvalidos, para aquellos prestos a abandonar el mundo, para quienes ya se han cansado de él. ¿Qué tendría de divertido un cielo así para los que todavía son jóvenes y están llenos de vigor? ¿Para los que están dispuestos a enfrentar otra batalla o aún no han probado todos los desafíos? Si todavía queda una montaña para escalar, ¿por qué elegir el cielo? Puedes elegirlo más tarde, cuando la enfermedad haya tomado el control de tus miembros y tu mente ya no corra en busca de lo que viene después.

6.12 El entusiasmo por la vida y el entusiasmo por el cielo aparecen como cosas opuestas. El cielo y su ambiente de paz eterna pueden quedar —eso crees— para el final de los días, y clamas por la injusticia de que alguien joven abandone la vida. El cielo no es para los jóvenes, dices. Es injusto que aquellos que mueren jóvenes no hayan tenido la oportunidad de vivir, la oportunidad de afrentar luchas y desafíos, la llegada del nuevo día y el ocaso de lo viejo. Qué pena que no hayan tenido la oportunidad de marchar solos por la vida y ser lo que podrían haber sido. Les adjudicas tus valores, pues tú vives para lo que está por venir, con la esperanza de que no sea como lo anterior. Pues cada desafío que enfrentas es un llamado a enfrentar el próximo. Y cada uno llega para reemplazar el anterior con la esperanza de que, ahora sí, este sea el que vale, y al mismo tiempo la esperanza de que no lo sea.

6.13 Tener éxito no es sino una pequeña muerte, un duelo del que debes escaparte rápidamente, hacia donde te espere un nuevo desafío y una nueva razón para existir. Devoras inmediatamente la zanahoria que sostienes delante de ti para realimentar el círculo. Así como comes para saciar tu hambre y poco después sientes hambre de nuevo, tu vida necesita un círculo similar perpetuo para mantener la realidad que le has construido. “Luchar por el éxito y tener éxito para luchar un día más” es la vida que te has fabricado, y la que temes que sea reemplazada por el cielo. Dejar de lado la idea de que en esa vida reside el sentido, se logra satisfacción y se construye la felicidad, es considerado una rendición. Es entonces en estos momentos que invocas la ayuda del cielo, cuando pareces estar próximo a rendirte, pues nunca sientes tanta necesidad de ayuda como cuando tus proyectos fracasan y la resignación se transforma en una alternativa más tentadora que la perseverancia.

6.14 Muy pocos piden la gracia de abandonar lo que ha sido por lo que podría ser. Consideras que rendirte es un fracaso, y esto es a lo que más temes. No tener éxito en la vida sería en verdad un fracaso, siempre y cuando fuese posible. Sin embargo te aferras a esta posibilidad, pues crees que sin posibilidad de fracaso no existe posibilidad de éxito. Los contrastes que ves en tu estado de separación crean situaciones en las que sientes que solo hay lugar para una cosa “o” la otra, y que debes optar por una “o” por otra. Mientras que la opción por el cielo es en verdad la opción por abandonar el infierno, y la verdad es la opción de renunciar a las ilusiones, esas son las únicas opciones reales que existen, y no se despliegan en tus ilusiones, sino solo en la verdad. Porque en la verdad, todas las ilusiones se desvanecen; y en el cielo, queda para siempre derrotada toda consideración sobre el infierno
.
6.15 ¿Cómo puedo convencerte de que deseas la paz si no la conoces? Quienes alguna vez adoraron becerros de oro lo hicieron porque no conocían otra opción. Para ellos, la idea de un dios de amor era tan extraña como lo es para ti la idea de una vida de paz. Ha cambiado lo que es extraño para el mundo, pero no ha cambiado el mundo. Los que conviven con la guerra buscan la paz. Los que viven un fracaso buscan el éxito. Dicho de otro modo, los dos están diciendo esto: buscas el sentido en un mundo demente, buscas el significado en lo que no tiene sentido, buscas un propósito entre el despropósito.

6.16 ¿Cómo puedo hacer que la paz sea atractiva para ti que no la conoces? La Biblia dice: “El sol brilla y la lluvia cae sobre malos y buenos por igual”. ¿Por qué crees, entonces, que la paz es un sol perpetuo? La paz es simplemente disfrutar tanto del sol como de la lluvia, de la noche como del día. Cuando no juzgas, la paz brilla sobre todo lo que miras, así como sobre toda situación que afrontas.

6.17 Las situaciones también son relaciones. Cuando la paz está presente en tus relaciones, las situaciones también se revelan tal como son y puedes verlas bajo la luz del cielo. Las situaciones ya no chocan unas contra otras haciendo imposible que cumplas con lo que te propones. El desafío ahora reside en crear antes que en lograr. Con la paz, los logros se trasladan al ámbito donde realmente vale la pena desearlos, y donde realmente pueden tener lugar. Con tu logro, llega la libertad y el desafío de crear. La creación se convierte en la nueva frontera, la ocupación de quienes son demasiado jóvenes como para descansar, demasiado interesados en vivir como para darle la bienvenida a la paz de la muerte. Aquellos que no pudieron cambiar ni un ápice del mundo mediante su esfuerzo, en paz crean el mundo de nuevo.

6.18 Aquí encuentran la más amable de las respuestas a sus preguntas. No requiere tiempo ni dinero ni el sudor de la frente cambiar el mundo: requiere solo amor. Un mundo perdonado es un todo completo, y en su plenitud es uno contigo. Es aquí, en la plenitud, donde mora la paz y está el cielo. Es en la plenitud donde el cielo espera por ti.

6.19 Piensa ahora en esto: ¿Cómo podría el cielo ser un lugar diferente? ¿Un pedazo de geografía distinto del resto? ¿Cómo podría no abarcarlo todo y aun así ser lo que es: hogar del hijo amado de Dios y morada de Dios mismo? Es porque Dios no está separado de nada que tú tampoco lo estás. Es porque Dios no está separado de nada que el cielo está donde tú estás. Es porque Dios es amor que todas tus relaciones son sagradas, y a partir de ellas puedes encontrar el camino a Él y a tu santo Ser.

6.20 ¿Acaso tus relaciones con tus seres queridos quedan truncadas cuando abandonan este mundo? ¿Acaso no piensas todavía en ellos? ¿Y no piensas en ellos como los que eran en vida? ¿Cuál es la diferencia, en tu mente, entre lo que fueron y lo que son tras la muerte? Si eres honesto admitirás una cierta envidia, un cierto reconocimiento de que ellos todavía existen, pero sin el peso del cuerpo, sin los límites que imperan sobre los que quedan. Tal vez todavía los imagines con forma corporal, pero los imaginas felices y en paz. Aun aquellos que reivindican no creer en Dios, o en una vida tras la muerte, cuando se les exige autenticidad, admiten que esa es una imagen que ilumina sus mentes con paz y esperanza. Esta imagen es tan antigua como el cielo y la tierra y todo lo que está más allá. No surgió de la fantasía ni pasó de una mente a otra como suelen hacerlo los cuentos. Es parte de tu conciencia de quien eres, una conciencia que niegas para dar paso a pensamientos de muerte tan sombríos, que convierten la vida en una pesadilla.

6.21 Lo que te ha llevado a una vida de infelicidad es tu negación de los pensamientos felices. Adoptas pensamientos de terror y pecado, pero a los pensamientos de resurrección y vida nueva los acallas antes de que tengan oportunidad de nacer y los llamas ingenuos. ¿Qué daño crees que te pueden hacer los pensamientos felices? A lo sumo puedes creer que son engañosos. Y a lo que temes es al desengaño. Todo aquello que alguna vez has deseado en la vida y no has podido cumplir, lo usas como prueba para negarte las esperanzas de cualquier clase. No puedes entender la diferencia entre desear lo que nunca puede ser y aceptar lo que es.

6.22 El mundo te decepciona sin remedio, pues tu concepto de él se basa en el engaño. Te has engañado solamente a ti mismo, y tu engaño no ha cambiado aquello que es, ni logrará hacerlo jamás. Solo Dios y Sus colaboradores designados pueden llevarte del engaño a la verdad. Has tenido tanto éxito en engañarte que ya no puedes ver la luz sin ayuda. Pero únete a tu hermano, y la luz comenzará a brillar, pues todos están aquí para ayudarte. Este es el propósito del mundo y del amor más amable: poner fin 
 al auto engaño y regresarte a la luz.

imagen corazón en círculo

domingo, 21 de septiembre de 2014

Meditación *ALEPH*

Meditación *ALEPH*

UN CURSO DE AMOR, CAPITULO 5 : LA RELACCION

Capítulo 5.  La relación

En cada unión, en cada entrega existe el amor. Cada unión, cada entrega es precedida por una suspensión del juicio. Por lo tanto, no es posible unirse a lo que se juzga. Lo juzgado permanece fuera de ti, y es eso que permanece fuera lo que te invita a hacer aquello que el amor no haría. Lo que permanece fuera es todo lo que no se ha unido a ti. Lo que se ha unido a ti deviene real en la unión, y lo real es solo amor.
— 5.12
5.1 El Cristo en ti es plenamente humano y plenamente divino. Como plenamente divino, nada le es desconocido. Como plenamente humano, lo ha olvidado todo. Por tanto, volveremos a aprender lo que, como Uno, ya sabemos. Esta unión de lo humano y lo divino se gesta en la presencia del amor, a medida que su aceptación derrumba todo aquello que te provoca temor y sufrimiento. Esta unión de lo humano y lo divino es tu propósito aquí, el único propósito digno de tu consideración.

5.2 Tú que has llenado tanto tu mente de divagaciones sin sentido y consideraciones que no piensan en nada que sea real, alégrate de que exista un modo de poner fin a este caos. El mundo que ves es un caos, y no hay nada en él, incluyendo a tus pensamientos, que sea digno de confianza. Por ello estos necesitan ser consagrados de nuevo, consagrados al único propósito digno de consideración: el propósito de unirte a tu verdadero Ser, el Cristo en ti.

5.3 Lo dije antes: solo aprendes en unión conmigo, porque solo en unión conmigo eres tu Ser. Ahora debemos ampliar tu comprensión de la unión y de la relación, así como tu comprensión de mí.

5.4 La unión es imposible sin Dios. Dios es unión. ¿Acaso esto no es semejante a decir Dios es Amor? El amor es imposible sin unión. Lo mismo vale para la relación. Dios crea toda relación. Cuando tú piensas en la relación, piensas primero en una relación y luego en otra, la que compartes con tal o cual persona amiga, con tu esposo o esposa, con un hijo, empleado o empleador, o un pariente. Al pensar en estos términos específicos pierdes el sentido de la relación: esta, en sí misma, es sagrada.


5.5 La relación existe aparte de los particulares. Esto es lo que no puedes concebir y lo que tu corazón necesita aprender de nuevo. Toda verdad es generalizable porque la verdad no se ocupa de los detalles específicos ni de las formas de tu mundo. Tú crees que la relación existe entre un cuerpo y otro, y mientras sigas pensando así, no entenderás la relación o la unión, ni llegarás a reconocer el amor tal como es.

5.6 La relación es lo que existe entre una cosa y otra. No es ni una cosa ni la otra. Tampoco es una tercera cosa, en el sentido de un tercer objeto, sino algo distinto. Cuando vas a escribir algo, eres consciente de que existe una relación entre tu mano y un lápiz, pero es una relación que das tan por sentada que has olvidado que existe. Toda verdad reside en la relación, inclusive en una tan simple como esta. El lápiz no es real, ni la mano que lo toma. Sin embargo la relación entre ellos lo es totalmente. “Cuando dos o más se reúnen” no es una orden para que se unan los cuerpos. Es una declaración que describe lo auténticamente real, la única realidad que existe. Lo real es esa unión, y es la causa de que toda la creación entone un cántico de júbilo. Ninguna cosa existe sin la otra. Causa y efecto son una misma cosa. Por tanto, ninguna cosa puede causar otra sin que sean una, o estén unidas, en la verdad.

5.7 Empezamos a trazarte un nuevo cuadro, un cuadro de cosas que antes eran invisibles a tus ojos pero que tu corazón veía. Tu corazón conoce el amor sin verlo. Tú le das forma y dices: “Amo a esta persona” o “amo aquello”, sin embargo tú sabes que el amor existe independientemente del objeto de tu afecto. El amor está más allá del marco de este mundo. Tú te aferras a objetos para atraparlo y ponerle un marco a su alrededor, exhibirlo en la pared como un cuadro y decir: “El amor es esto”. Pero cuando lo has atrapado y colgado para que todos lo vean y contemplen, te das cuenta que eso no es el amor. Comienzas entonces a erigir tus defensas, las evidencias que citas para decir: “En verdad, esto es el amor y lo tengo aquí; cuelga de mi pared y lo veo; es mío, lo poseo, conservo y cuido. Mientras permanezca donde pueda verlo es real, y yo estoy a salvo”.

5.8 “Ah”, piensas, cuando encuentras amor, “ahora mi corazón canta; ahora sé qué es el amor”. Y asocias el amor que has encontrado a la persona en quien lo has encontrado, e inmediatamente buscas preservarlo. Hay millones de museos del amor, muchos más que altares. Sin embargo, tus museos no pueden preservar el amor. Te has convertido en un coleccionista, antes que en alguien que reúne. Tu temor ha crecido tanto que por seguridad coleccionas todo lo que podría combatirlo. De manera semejante al marco para el amor que cuelga en tu pared, las colecciones que llenan tus estantes, ya sean de ideas, dinero o cosas para contemplar, son intentos desesperados de guardar para ti algo apartado de lo demás. Al separar el amor, reconoces que no tiene lugar aquí, pero también te separas tú y todo aquello que defines como valioso. Construyes tus bancos, así como tus museos, a modo de palacios para el amor, y dejas de ver los becerros de oro que se esconden en los muros de palacio.

5.9 Esta compulsión a preservar las cosas no es sino afán por dejar una marca en el mundo, una marca que diga: “He conseguido mucho durante mi permanencia en este mundo. Estas cosas que amo son las que dejo, mi legado, las que declaran que yo estuve aquí”. Una vez más la idea es correcta, pero está tan tristemente fuera de lugar, que se convierte en una burla de lo que eres. El amor sí marca tu lugar, pero en la eternidad, no aquí. Lo que dejas atrás nunca es real.

5.10 El amor reunido en la unión es una celebración. El amor coleccionado no es más que una imitación. Es necesario reconocer y comprender esta diferencia, así como el impulso a separar el amor de todo lo demás, pues la comprensión de estos impulsos puede ser tan esclarecedora que puede comenzar a traer salud a un mundo demente.

5.11 Todavía no crees ni comprendes que los impulsos que sientes como reales, no son ni buenos ni malos. Tus auténticos sentimientos provienen del amor, pero tu respuesta a ellos está orientada por el temor. Incluso los sentimientos de destrucción y violencia provienen del amor. Tú no eres malo y no tienes sentimientos que puedan ser calificados de malos. Pero estás desorientado respecto del significado de tus sentimientos y de cómo estos pueden traerte amor a ti, y conducirte a ti al amor.

5.12 Las lecciones del amor se aprenden comprendiendo la relación entre lo que sientes y lo que haces. Cada sentimiento pide que te entregues a una relación con él, pues en él encontrarás amor. En cada unión, en cada entrega existe el amor. Cada unión, cada entrega es precedida por una suspensión del juicio. Por lo tanto, no es posible unirse a lo que se juzga. Lo juzgado permanece fuera de ti, y es eso que permanece fuera lo que te invita a hacer aquello que el amor no haría. Lo que permanece fuera es todo lo que no se ha unido a ti. Lo que se ha unido a ti deviene real en la unión, y lo real es solo amor.

5.13 ¿Puedes ver el lado práctico de esta lección? ¿Qué terror puede provocar un impulso violento que, cuando se une al amor, se convierte en otra cosa? Un impulso violento puede significar muchas cosas, pero siempre late en él un abrumador deseo de paz. Esta paz puede significar la destrucción de lo viejo, y el amor puede facilitar el ascenso y la caída de muchos ejércitos. ¿Qué huestes de destrucción pueden estremecer el mundo cuando son llevadas al amor?

5.14 Dentro de ti el mundo está seguro y a salvo. No reina el terror ni acechan pesadillas en la noche. Una vez más describiré la diferencia entre lo que está dentro y lo que está fuera. Adentro está todo lo que se ha unido a ti, afuera está todo lo que mantienes separado. Toda relación que hayas tenido alguna vez permanece dentro de ti. Mientras que todo aquello que has apartado, etiquetado, juzgado y apilado en los estantes permanece fuera de ti.

5.15 En esto consisten los dos mundos. Aquel que ves como real es el que mantienes fuera de ti y puedes ver con los ojos del cuerpo. Aquel que no ves y en el que no crees es el que no puedes ver en el exterior. Sin embargo, este último es el real. Ver ese mundo real en el interior requiere otro tipo de visión: la visión del corazón, la visión del amor, la visión de Cristo en ti.

5.16 Te asomas a la puerta de tu casa y ya sea que veas calles urbanas iluminadas, o calles atestadas de desperdicios y delincuencia, o campos sembrados, afirmas que ese es el mundo real. Es el mundo al que sales para ganarte la vida, recibir educación, encontrar pareja. La casa en la que moras, en cambio, como tu mundo interior, es donde vives la vida que mayor sentido tiene. Es donde se forman tus valores, donde tomas decisiones, donde encuentras seguridad. La comparación no es ociosa. Tu hogar está dentro de ti y es real, tan real como parece serlo la casa que has hecho dentro del mundo. Puedes decir que el mundo real está fuera de ti del mismo modo en que imaginas que el mundo real está más allá de las puertas de tu casa, pero decirlo no lo convierte en verdad.

5.17 Tu continuo deseo de mantener una relación con el mundo que está fuera de ti, es la única causa de que ese mundo permanezca. Esto se debe a que no defines la relación como una unión. Aquello con lo que te unes deviene real. Cuando lo integras en tu interior lo conviertes en real porque lo conviertes en uno con tu Ser real. Esto es lo real. Todo aquello con lo que no te unes permanece fuera de ti y es una ilusión, pues lo que no es uno contigo no existe.

5.18 De esta manera te conviertes en un cuerpo que se mueve en un mundo ilusorio donde nada es real y nada sucede en verdad. Este mundo ilusorio está lleno de cosas que te han dicho y que te has dicho que debes hacer, pero no quieres. Cuantas más cosas de estas haya en tu vida, más se empequeñece tu realidad. Todo lo que podría unirse a ti y convertirse en parte del mundo real de tu creación, queda fuera de tu alcance.

5.19 Nada hay en tu mundo que no pueda convertirse en sagrado mediante la relación contigo, pues tú eres la misma santidad. No lo sabes porque llenas tu mente y dejas vacío el corazón. Tu corazón solo se llena mediante la relación o la unión. Un corazón pleno eclipsa una mente plena, pues no deja espacio para los pensamientos insensatos, sino solo para aquello que es verdaderamente real.

5.20 Queda entonces propuesto el primer ejercicio para tu mente —y el único—, de este curso: dedica tu pensamiento a la unión. Cuando tu mente se llena de pensamientos sin sentido, cuando aparecen resentimientos, cuando te invaden las preocupaciones, repite el pensamiento que abre el corazón y despeja la mente: “Dedico todo pensamiento a la unión”. Toda vez que necesites reemplazar pensamientos sin sentido, piensa en esto y repítelo una y cien veces si es necesario. No necesitas imaginar con qué reemplazarás tus pensamientos sin sentido, pues tu corazón intercederá satisfaciendo su anhelo de unión tan pronto como hayas expresado tu voluntad de dejar que lo haga.

5.21 Todavía no comprendes la tenacidad de tu resistencia a esa unión que transformaría el infierno en cielo, y la locura en paz. Todavía no comprendes tu capacidad para elegir aquello a lo que das realidad, en tu creación del mundo. El único significado del libre albedrío es este: qué eliges unir contigo, y qué eliges dejar fuera de ti mismo.

5.22 Tu deseo de separación es el más demente de todos cuantos hayas concebido. Por encima de tu anhelo de unión colocas este deseo de estar solo y separado. Toda tu resistencia a Dios se basa en él. Crees que has elegido distanciarte de Dios para poder seguir tu propio camino, pero al mismo tiempo que anhelas regresar a Dios y al cielo que es tu hogar, no quieres admitir que no puedes hacerlo solo. Has convertido a la vida en una prueba y crees que puedes pasarla, o fracasar, por tus propios méritos. Sin embargo, cuanto más te esfuerzas para lograrlo, más te das cuenta de la futilidad de tus esfuerzos, aunque no quieras admitirlo. Te aferras al esfuerzo como si fuese el camino a Dios, y no quieres creer que todo esfuerzo es en vano, o que existe una solución más simple. Pero en tu mundo, una solución simple que no exija esfuerzo alguno, carece de valor. El individuo, te dices, se hace mediante el esfuerzo, y sin este, no existiría. En esto tienes razón, pues mientras pretendes ser un individuo, te niegas a ti mismo la unión con todos los demás.

5.23 Todos tus esfuerzos por ser un individuo se concentran en la vida del cuerpo. Tu concentración en la vida del cuerpo pretende mantenerlo separado. “Superar” es tu eslogan mientras luchas por vencer todos los obstáculos y adversidades que te impiden tener todo lo que crees que quieres tener. Esta es tu definición de la vida, y mientras rige, determina la vida que ves como real. Te presenta miles de opciones, no una vez, sino muchas, hasta que crees que tu poder de elección es una fantasía y que en realidad eres impotente. En consecuencia, restringes aquello que quieres, y sales en su busca con toda determinación, convencido de que hay que trabajar duro para conseguir la única opción que queda bajo control. Crees que si dejas de lado todo lo demás y te concentras solo en esta opción, tarde o temprano alcanzarás el éxito. Así se expresa la fe en tu capacidad de maniobra en el mundo que has creado; y si finalmente logras el éxito, sientes que esa fe está justificada. No te detienes a examinar el coste. Sin embargo, este pronto se torna evidente. En vez de sentir que has ganado, te encuentras intentando superar una sensación de pérdida. ¿En qué te equivocaste?, te preguntas. ¿Por qué no estás satisfecho con todo lo que has logrado?

5.24 Una vez que lo has logrado, este “conseguir lo que tú quieres” que dirige tu vida, demuestra que eso no es, precisamente, lo que querías. Cuando esto ocurre, simplemente crees que elegiste mal, por tanto eliges otra cosa, y luego otra más, sin detenerte a considerar que estás eligiendo entre ilusiones. ¡Y te sorprendes de no haber encontrado la felicidad! Mientras tanto, sigues viviendo la vida como una prueba, obligándote a alcanzar un logro tras otro, seguro de que el próximo será el truco para tu felicidad.

5.25 Y sí, se trata realmente de un truco, pues lo que fracasó una vez, va a fracasar de nuevo con total seguridad. Necesitas detenerte ahora mismo y abandonar lo que crees que quieres.

5.26 Detente ahora y observa tu reacción ante estas palabras, y la tenacidad de tu resistencia. ¿Abandonar lo que quieres? Sin duda esto es lo que esperabas que Dios te pidiera, y aquello contra lo cual te has protegido toda la vida. ¿Por qué tendrías que hacer este sacrificio? ¿Para qué vivirías? Quieres tan poco…, ¿cómo se te puede pedir que lo abandones?

5.27 En verdad quieres poco, y solo cuando cobras conciencia de esto puedes proceder a reivindicar todo lo que es tuyo.

5.28 Con cada unión a la que te entregas, tu mundo real se agranda, al mismo tiempo que decrece aquello que te aterroriza. Esta es la única pérdida provocada por la unión, y no es más que la pérdida de una ilusión. A medida que la unión te resulta más atractiva, comienzas a preguntarte cómo se produce. Debe haber algún secreto que no conoces. ¿Cuál es la diferencia entre proponerte una meta y alcanzarla, y unirte con algo?

5.29 No sería necesario que fueran dos cosas aparte, pero lo son por tu propia elección, la elección de lograr por tu cuenta lo que quieres. Esta es la diferencia entre unión y separación. Separación es todo lo que percibes por tu cuenta. Unión es todo aquello a lo que me invitas, y compartes con Dios. No estás solo ni estás sin tu Padre, pero la invitación es necesaria para que tomes conciencia de esa presencia. Así como yo lo fui, tú eres simultáneamente humano y divino. Aquello que tu yo humano ha olvidado, tu verdadero Ser lo resguarda a la espera de que le des la bienvenida para dártelo a conocer una vez más.

5.30 A Dios lo conoces en las relaciones, pues estas son lo único real. Dios no puede ser visto en las ilusiones ni puede ser conocido por quienes le temen. Todo temor es temor a las relaciones y, por consiguiente, miedo a Dios. Puedes aceptar el terror que reina en otra parte del mundo porque no te sientes relacionado con él. Solo en la relación las cosas se vuelven reales. Eres consciente de esto y por lo tanto te esmeras por mantener lejos de ti todo aquello que aumentaría tu desasosiego y sufrimiento. Pero es un error pensar que una relación puede provocar terror, desasosiego o sufrimiento.

5.31 Crees que estar en contacto con la violencia es tener una relación con ella. No es así. Si lo fuera, estarías unido a todo aquello con lo que entras en contacto, el mundo sería el cielo, y todo lo que ves sería bendecido por tu santidad. El hecho de que andes por el mundo sin relacionarte con él es lo que provoca tu alienación del cielo que podría ser.

5.32 Recuerda ahora un día maravilloso. Todo el mundo ha vivido por lo menos un día brillante en un mundo de oscuridad. Un día en que el sol brillaba en tu mundo y tú te sentías parte de todo. Cada árbol y cada flor te daban la bienvenida. Cada gota de agua parecía refrescar tu alma, y cada soplo de brisa te transportaba al cielo. Cada sonrisa parecía dirigida a ti, y tus pies parecían apenas tocar el suave suelo que pisabas. Esto es lo que te espera a medida en que te unes con lo que ves. Esto es lo que te espera cuando dejas de colocar juicios sobre el mundo, y al dejar de hacerlo, te unes a todo, y extiendes tu santidad a través de un mundo de pesares, haciendo que se convierta en un mundo de alegría.imagen corazón en círculo

martes, 9 de septiembre de 2014

UN CURSO DE AMOR, CAPITULO 4: LA EQUIDAD DEL AMOR

Capítulo 4. La equidad del amor
Toda tu larga búsqueda de pruebas de la existencia de Dios termina cuando reconoces qué es el amor. Y esta prueba también establece la prueba de tu existencia. Pues en tu anhelo de amor también reconoces anhelo por tu Ser.
— 4.4
4.1 ¿Tienes que amar a Dios para saber qué es el amor? Cuando amas con pureza, conoces a Dios, ya seas consciente de ello o no. ¿Qué significa amar con pureza? Significa amar por el simple amor. Simplemente amar. No tener falsos ídolos.
4.2 Antes de que puedas amar por amar, los falsos ídolos deben ser expuestos a la luz y en ella ser vistos como la nada que son. ¿Qué es un falso ídolo? Aquello que crees que el amor conseguirá para ti. Tienes derecho a todo lo que el amor te daría, pero no a lo que crees que te va a ser provisto a través de su adquisición. Este es un ejemplo clásico de la falta de reconocimiento de que “el amor es”.
4.3 El amor y el anhelo están tan íntimamente ligados porque quedaron vinculados en el momento de la separación, cuando nacieron simultáneamente la elección de apartarse del amor y la elección de regresar. El amor nunca se perdió, sino que quedó oscurecido por un anhelo que, interpuesto entre tú y tu Fuente, al mismo tiempo ocultaba Su luz y te advertía de Su presencia eterna. El anhelo es la prueba de la existencia del amor, pues aun aquí no anhelarías lo que no recuerdas.
4.4 Toda tu larga búsqueda de pruebas de la existencia de Dios termina cuando reconoces qué es el amor. Y esta prueba también establece la prueba de tu existencia. Pues en tu anhelo de amor también reconoces anhelo por tu Ser. ¿Por qué habrías de preguntarte quién eres tú, y cuál es tu propósito aquí, si no fuese porque reconoces, con el anhelo como testigo, aquello que temes no ser, pero que seguramente eres?
4.5 Todo miedo termina cuando queda establecida la prueba de tu existencia. Todo miedo tiene su fundamento en la incapacidad de reconocer el amor y, por tanto, quién eres y quién es Dios. ¿Cómo podrías evitar el miedo con una duda tan poderosa como esa? ¿Cómo no habrías de regocijarte cuando la duda se desvanece y todo el espacio que antes ocupaba la duda es llenado por el amor? Cuando la duda se disipa, no quedan sombras. Nada se interpone entre el hijo de Dios y la propia Fuente del hijo. No hay nubes que oculten el sol y la noche se hace día.
4.6 Hijo de Dios, aquí eres un extraño, pero no necesitas serlo para tu Ser. En el conocimiento de tu Ser, toda amenaza de tiempo, espacio y lugar se disuelve. Todavía puedes caminar en un lugar extraño pero sin estar inmerso en una niebla de amnesia, que oscurece lo que sería una breve aventura y la reemplaza con sueños de terror y confusión tan desenfrenados que sentirse seguro es imposible mientras el día se hace noche sin fin, en larga marcha hacia la muerte. Reconoce quién eres y la luz de Dios irá ante ti, iluminando cada sendero, y disipando la niebla de los sueños, de los que despiertas imperturbable.
4.7 Solo el amor tiene el poder de transformar este sueño de muerte en una conciencia despierta de la vida eterna.
4.8 Ansiar, aprender, buscar, adquirir, la necesidad de poseer, la necesidad de guardar, la ambición, el apetito, la pasión… todas estas cosas que has fabricado para reemplazar lo que ya tienes te pueden conducir de regreso, de igual modo que pueden perderte más. Dónde te llevará lo que has fabricado, depende solo de tu decisión. Una decisión que, disfrazada de muchas maneras, se reduce sencillamente a esta: ir hacia el amor, o retirarte de él, creer que te es dado o quitado.
4.9 Amor es todo lo que satisface la ley de Dios en tu mundo. Todo lo demás supone que lo que uno tiene le es negado a otro. Y aunque el amor no puede ser aprendido ni practicado, hay una práctica que necesitamos realizar para reconocer la presencia del amor. Consiste en la práctica de vivir bajo la ley del amor, una ley de ganancias y nunca de pérdidas, una ley que dice que cuanto más das, más ganas.
4.10 No hay perdedores ni ganadores bajo la ley de Dios. A ninguno se le da más que a otro. Dios no puede amarte a ti más que a tu prójimo, ni tú puedes recibir más amor de Dios que el que ya tienes, ni un lugar mejor en el Cielo. La mente, bajo la dirección del ego, se preocupa por ganar y perder, por luchar por un lugar mejor. El corazón no conoce estas distinciones, y quienes piensan que sus corazones han aprendido a través de los golpes y maltratos sufridos en la experiencia, pueden alegrarse de que eso no sea cierto. Crees en esta ilusión porque tu mente la ha fabricado. Tus pensamientos han repasado una y otra vez todo el sufrimiento que el amor te provocó. Y se aferra a esas ocasiones en que el amor fracasó, porque no reconoce que el amor no puede fracasar.
4.11 Tus expectativas y tus falsas percepciones acerca de tus hermanos y hermanas son la causa de que creas que el amor puede fracasar, ser perdido, retirarse, o convertirse en odio. La falsa percepción de tu Padre es lo que ha derivado en que toda otra percepción sea falsa, incluyendo la que tienes de tu propio Ser.
4.12 Cuando piensas en actuar desde el amor, tus pensamientos sobre este están basados en el sentimentalismo, por tanto, debes desafiarlos. Amar no es ser amable cuando te sientes de mal humor. Amar no es hacer buenas obras de caridad y servicio. Amar no es tirar la lógica por la borda y actuar de un modo alocado, que puede pasar como alegre, pero sin poder disfrazarse de gozo. Cada uno tiene en su mente la imagen de alguien que piensa que sí que sabe lo que el amor es. Quizá sea una persona mayor, siempre amable y bondadosa, que no tiene palabras duras con nadie, y que no se obsesiona por su propio yo. Tal vez sea una madre cuyo amor es ciego y está dispuesta a sacrificarse. Otros pueden imaginar un matrimonio de muchos años en el que cada miembro se entrega devotamente para la felicidad del otro, o en un padre ofreciendo amor incondicional, o en un sacerdote o un pastor que guía a los demás. A cada una de estas personas que admiras, le adjudicas atributos que tú no tienes y que algún día podrás tener, a su debido tiempo. Porque… ¿a que ahora piensas que esa actitud amable no te serviría? ¿A que crees que no te serviría ese amor ciego y tan sacrificado, que pide un precio tan alto… ni tanta devoción, ya que esta solo sería adecuada para alguien cuya pareja fuera más amorosa que la tuya…, ni ese amor incondicional que, siendo bueno, debería ser atemperado por el sano juicio? Y, sin duda, crees que esa capacidad para guiar a otros debes ganarla mediante la adquisición de una sabiduría que no está a tu alcance.
4.13 Entonces, tu imagen del amor se basa en la comparación. Eliges a alguien que apunte hacia lo que más careces, y utilizas esa imagen para castigarte mientras afirmas que eso es lo que quieres.
4.14 Tus ideas sobre estar enamorado pertenecen a otra categoría muy distinta. En este contexto, el amor no solo rebosa de sentimentalismo, sino también de romance. Pocas veces este estado del amor es considerado duradero, o como algo que pueda mantenerse. Es el anhelo de los jóvenes y el sueño despierto de los ancianos. Es sinónimo de pasión y de un desbordarse de los sentimientos, que desafía al sentido común. Estar enamorado es ser vulnerable, porque una vez que el sentido común no ha podido hacerte actuar tal y como se espera de ti, puedes olvidarte de vigilar a tu corazón, y de esconder tu verdadero Ser. En verdad, es peligrosa esta actitud en un mundo donde la confianza puede convertirse en traición.
4.15 Cada uno ha albergado un ideal de cómo sería la pareja perfecta, y ese ideal ha cambiado con el tiempo. Quienes están más atados al ego piensan en estatura y riqueza, en la belleza física y en los condicionamientos de una buena crianza. Quienes son más inseguros piensan en una pareja que los colme de halagos, regalos y de una atención incansable. Quienes valoran la independencia buscan una pareja sana, que no exija demasiado, compañera y amante, que resulte conveniente dentro del marco de una vida atareada.
4.16 Crees que puedes enamorarte de la persona inadecuada y elegir de una mejor manera, basándote en criterios más importantes que el del amor. Crees, por tanto, que el amor es una elección, que es algo que se le da a unos, y no a otros. Esperas ser un ganador en este juego que juegas, esperas ser un elegido a quien le será devuelto amablemente cada gramo de amor que da. Este es un acto de compensación que realizas con el don más sagrado de Dios, y te resientes al dar amor cuando la ganancia es poca. Aun así, en esta reticencia, reconoces la verdad de lo que el amor es.
4.17 En ninguna otra área de la vida esperas tanta imparcialidad, o un intercambio tan equitativo. Entregas tu mente a una idea, tu cuerpo a un trabajo, tus días a actividades que no te interesan ni te satisfacen. Aceptas la paga dentro de los límites que has dispuesto, esperas que cierto grado de prestigio acompañe a determinados logros, aceptas que debes cumplir determinadas tareas a fin de sobrevivir. En estos terrenos esperas que haya cierta equivalencia entre lo que das y lo que recibes. Esperas que tu trabajo duro produzca resultados, que la cena que preparas sea apreciada, que tus ideas sean recibidas como inspiradas. Pero no te haces ilusiones. De hecho, a menudo supones lo contrario y te sientes agradecido ante cada reconocimiento que el mundo te brinda por la forma en que pasas tus días. Pues si hay algo que haces es pasar los días, hasta que el número de días reservados para ti se agota y mueres. La vida no es justa, dices, ni se supone que deba serlo. Pero el amor es distinto.
4.18 En esto tienes razón, pues el amor nada tiene que ver con tu imagen de la vida, ni se parece a la forma en que pasas tus días, ni a la manera en que tus días han de terminar. En tu percepción de lo que haces aquí, el amor parece ser algo aparte. Crees que esta separación otorga poca relevancia al amor dentro de otras áreas de tu vida. El amor se ve como algo personal, algo que otra persona te da de manera especial solo a ti, y que tú le das solo a él o ella. Tu vida amorosa nada tiene que ver con tu vida laboral, con los asuntos que atañen a la supervivencia, con tu capacidad para el éxito, o con tu estado de salud y bienestar.
4.19 Incluso tú, que no reconoces qué es el amor, proteges lo que llamas amor de las ilusiones que has fabricado.
4.20 Una cosa apartada de la demencia del mundo es útil ahora. Quizá no sea aquello que el amor es, pero aquello que el amor es te ha guiado en la elección de apartar el amor de lo que tú llamas mundo real, que es de hecho la suma total de lo que tú has fabricado. El mundo por donde tanto te empeñas en navegar es aquello que tú has hecho de él, es un lugar donde el amor no encaja y, en verdad, ni entra. Pero el amor ha ingresado en ti para no abandonarte, y entonces, por tanto, tampoco tú debes tener tu lugar en ese mundo que has fabricado, sino que debes tener otro lugar donde te sientas como en casa, y donde puedas morar en la presencia del amor.
4.21 Entre vosotros hay afortunados que han construido dentro de su mundo un lugar que recuerda al hogar. Es el lugar donde protegéis el amor tras puertas cerradas. Es donde regresáis tras vuestras incursiones en el mundo que habéis fabricado, y donde, una vez dentro, creéis que dejáis la demencia puertas afuera. En él te sientes seguro, rodeado de tus seres queridos. En él compartes las aventuras diarias, tratas de comprender las que puedes, y dejas fuera las que no puedes, y allí recuperas las fuerzas necesarias para salir de nuevo por esas puertas, a otro día más. Te pasas la vida con la intención de retirarte a ese lugar de amor seguro que has construido en un mundo de demencia, con la esperanza de vivir hasta poder ver el día en que puedas dejar la demencia atrás y seguir encontrando amor tras las puertas que has atravesado tantas veces en una jornada gastada para ganarte tu derecho a no abandonar más ese mundo.
4.22 Hay quienes llaman egoísta a esta vida y se preguntan de qué manera los ocupantes de este sueño a medias feliz han obtenido el derecho de darle la espalda al mundo, aun por las pocas horas en que se hace creíble que así pueden hacerlo. Hay quienes solo están dispuestos a aceptar, para sí mismos y para los demás, una interacción a gran escala con el mundo de la demencia. Son los enfadados, que exigen de los demás que vuelquen el amor que tengan sobre la demencia, y que asuman la responsabilidad por los desatinos que se cometieron, que intenten restablecer el orden en el caos, o cualquier otra cosa con tal de sentirse menos solos ante aquello que su cólera les muestra. El amor, dicen los enfadados, no puede apartarse, por lo tanto no sienten amor ni pueden verlo. Sin embargo, ellos también reconocen el amor tal como es cuando claman: “no puedes tenerlo mientras todos estos otros no lo tengan. No puedes reservarlo para ti cuando tantos lo necesitan”.
4.23 Donde miras hallas pruebas de la diferencia que marca el amor. Esta diferencia es tu salvación. El amor no es como ninguna de todas las demás cosas que ocurren aquí. Por eso se le han construido lugares de culto, sacramentos que protegen la santidad del amor, y por eso tu hogar alberga a quienes amas con mayor afecto.
4.24 Así es como tu percepción del amor te ha preparado para lo que es el amor. Pues dentro de ti está el altar para que adores, dentro de ti la santidad del amor ha sido resguardada, dentro de ti mora el Anfitrión que ama a todos con el mayor afecto. Dentro de ti está la luz que te mostrará aquello que el amor es, y ya no lo apartará más de la vida. El amor no puede ser llevado al mundo de la demencia ni el mundo de la demencia puede ser llevado al amor. En cambio, el amor puede permitir que sea contemplado un nuevo mundo, un mundo que te permitirá morar en la presencia del amor.
4.25 Toma todas las imágenes que te has hecho del amor como algo apartado y extiéndelas más allá de las puertas del amor. ¿Acaso un mundo de amor marcaría diferencia alguna para quienes han cerrado sus puertas al mundo? Una vez el amor se una al mundo, cuán vasto sería el alcance donde su mundo de amor podría extenderse. Qué poca necesidad habría de que los coléricos conservaran su enfado cuando el amor se ha unido al mundo. Pero el amor, en verdad, se une al mundo, y es en esta unión donde mora el amor, santo como es en sí mismo.
4.26 El mundo no es sino un reflejo de tu vida interior, la realidad que todas tus estrategias y defensas no te mostraron, y para la cual no te prepararon. Te preparas para todo lo que ocurre fuera de ti y no para lo que ocurre dentro de ti. Sin embargo, es una unión que tiene lugar en tu interior la que produce la unión de todo el mundo, para que todo el mundo lo vea. Esta unión del mundo en el interior es el reconocimiento de aquello que el amor es, a salvo dentro de ti y de tu hermano, cuando os unís en la verdad. No pienses que esta unión es una metáfora, una sucesión de palabras bellas que te darán consuelo si las tienes en cuenta, un sentimiento más en un mundo donde las palabras bonitas reemplazan aquello que deberían significar. Esta unión es la meta que buscas, la única meta digna de la llamada del amor.
4.27 Esta meta es algo aparte del resto, una meta que no toca a lo que percibes como un mundo sin amor. No tiene relación con el mundo que está fuera de ti, sino con el mundo interior, donde en presencia del amor el mundo exterior y el mundo interior se hacen uno para dejar atrás la visión del mundo que tú has llamado tu hogar. Este mundo extraño donde te has sentido tan solo y asustado persistirá un poco más, pero ya no te aterrorizará, hasta que finalmente se disolverá en la nada de donde vino, mientras un nuevo mundo emerge para ocupar su lugar.
imagen corazón en círculo

lunes, 8 de septiembre de 2014

UN CURSO DE AMOR, CAPITULO 3: LA PRIMERA LECCION

Capítulo 3. La primera lección
Tonterías como son los deseos de tu corazón, son lo que ahora te salvará. Recuerda que es tu corazón el que anhela el hogar. Es tu corazón quien anhela recordar el amor. Es tu corazón quien guía en la ruta que, si la sigues, te llevará con certeza de camino al hogar.
— 3.18
3.1 El amor es. Te enseña siendo simplemente lo que es. No hace nada. No se esfuerza. No tiene éxito ni fracasa. No está ni vivo ni muerto. Así ha sido siempre, y
así lo será siempre. No es exclusivo de ustedes como seres humanos. Está en relación con todas las cosas. De todo con todo.

3.2 Igual que el verdadero conocimiento no puede aprenderse, el amor no puede ser aprendido y tú no puedes ser aprendido. Lo único que deseas y no puedes aprender ya está logrado. Está logrado en ti. Es quien Tú eres. Imagina cómo sería si el océano, el guepardo, el sol, la luna o Dios mismo intentasen aprender qué son. Son lo mismo que tú. Todo existe dentro de ti. Tú eres el universo mismo.
3.3 Es un universo compartido, sin divisiones. No hay secciones, ni partes, ni dentros ni fueras, ni sueños ni ilusiones que puedan escapar o esconderse, desaparecer o dejar de ser. No hay condición humana que no exista en todos los seres humanos. Es completamente imposible que uno tenga lo que el otro no tiene. Todo es compartido. Esto siempre ha sido verdad y lo será por siempre. La verdad es la verdad. No hay grados de verdad.
3.4 Tú no eres forma, tampoco lo es tu mundo real. Buscas el rostro de Dios en la forma, así como buscas el amor en la forma. Tanto Dios como el amor están ahí, pero no son la forma que los ojos de tu cuerpo pueden ver. Así como las palabras que ves sobre esta página son solo símbolos de un sentido mucho más allá de lo que los símbolos pueden sugerir, así también ocurre con todas las cosas y personas que te rodean, las que ves, y las que solo puedes imaginar. Buscar el “rostro” de Dios, aun en la forma de Cristo, es buscar lo que es para siempre sin forma. Ver de verdad es comenzar a ver lo que no tiene forma. Y comenzar a ver lo que no tiene forma es comenzar a comprender aquello que tú eres.
3.5 Lo que ahora ves son sólo símbolos de lo que en realidad está delante de ti, en una gloria que trasciende tus imágenes más profundas. Sin embargo, persistes en querer solo lo que tus ojos pueden ver y tus manos pueden aferrar. Llamas reales a todas estas cosas, y a todo lo demás irreal. Puedes cerrar los ojos y creer que estás a oscuras, pero no creerás que ya no eres real. Cierra los ojos a todo aquello que te has acostumbrado a ver. Y verás la luz.
3.6 En la luz que viene solo a los ojos que ya no ven, encontrarás al Cristo que mora en ti. En Jesucristo, el Hijo de Dios se hizo hijo del hombre. Caminó por el mundo con un rostro muy parecido al tuyo, un cuerpo con dos brazos y dos piernas, diez dedos en las manos y diez en los pies. Sin embargo, tú sabes que Jesús no era eso, ni que eso era la imagen de Cristo. Jesús le dio un rostro al amor, del mismo modo que tú. Pero el amor no se apega a la forma y dice: “Esto es lo que soy”. ¿Cómo puede algo tener forma salvo en símbolos? Un blasón familiar o una alianza matrimonial son todos iguales. No hacen otra cosa que representar en la forma lo que simbolizan.
3.7 No hay forma que no sea así. Una forma no es más que una representación. Ves miles de formas al día con diferentes nombres y diferentes funciones y no crees que todas sean lo mismo. Le otorgas valores a cada una según su utilidad o apariencia placentera, su popularidad o su reputación. Ubicas a cada una en relación contigo, por lo que ni siquiera ves la forma tal como es, sino como te resulte bien a ti. Aprisionas la forma dentro de lo que ella significa para ti, y aun así, ese sentido es más auténtico que su forma. Tú les das significado a todas las cosas, y al hacerlo pueblas tu mundo de ángeles y demonios cuya categoría está determinada por quién te ayudará y quién te perjudicará. De esta manera decides quiénes son tus amigos y quiénes tus enemigos, y decides qué amigos pasan a ser enemigos, y qué enemigos pasan a ser tus amigos. Mientras que, en tu juicio, un lápiz seguirá siendo un lápiz, por lo menos mientras siga teniendo todas las cualidades que tú has decidido que un lápiz debe tener, pocas personas pueden exhibir en todo tiempo y lugar aquellas cualidades que tú has predeterminado que deben poseer. Y así es como algunos te decepcionan y otros te entusiasman, uno es un paladín de tu causa y otro te denigra. En todos los escenarios tú eres el hacedor de tu mundo, al que le atribuyes sus causas y efectos. Si esto puede ser así, el mundo no puede ser sino simbólico, y el significado de cada símbolo es elegido por ti y para ti. Nada es lo que es sino sólo lo que es para ti.
3.8 A esta enorme confusión traemos un solo enunciado: el Amor es. Nunca cambia, se simboliza solo a sí mismo, ¿cómo puede dejar de significar todo o de contener todo significado? Ninguna forma puede abarcarlo, puesto que él abarca todas las formas. El amor es la luz en la cual desaparece la forma, y donde todo lo que es, es visto tal y como es.
3.9 Tú, que buscas ayuda, te preguntas ahora de qué manera puede esto ayudarte. ¿Qué queda por decir que no haya sido dicho? ¿Qué son estas palabras —lo admito— sino símbolos? La ayuda llega en aquello que simbolizan. No necesitas creer en las palabras ni en el potencial de los ejercicios para cambiar tu vida, pues estas palabras entran en ti en cuanto lo que son, y no como los símbolos que representan. Ahora ha sido sembrada una idea de amor en un huerto fértil que la hará crecer.
3.10 Todas las cosas han nacido de una idea, un pensamiento, una concepción. Todo lo que ha sido manifestado en tu mundo fue concebido primero en la mente. Sin embargo, aunque sabes que esto es cierto, continúas creyendo que tú eres el efecto y no la causa. Esto se debe en parte a tu concepto de la mente. Aquello que creas que la mente es, eso será para ti. Muchas enseñanzas han intentado desalojar este concepto al que te aferras con tanto apego, pero como tú usas la mente para manejar conceptos, no has podido dejar que las nuevas enseñanzas surtan su efecto. Esto sucede porque crees que tu mente controla lo que piensa. Crees en un proceso de ingreso y egreso de datos, completamente humano y científicamente demostrable. El nacimiento de una idea resulta entonces de lo que ha llegado antes, resulta de ver algo viejo como nuevo, de mejorar una idea anterior, de tomar información variada y arreglarla en una nueva configuración.
3.11 ¿Qué significa esto para el aprendizaje que no es de este mundo? Significa que lo filtras con las mismas lentes. Piensas sobre él de la misma manera. Buscas acumularlo a la espera de que produzca una mejora con respecto a lo que ha existido antes. Buscas pruebas de que si te comportas de una cierta manera, esto producirá determinados resultados. Como un niño que aprende a no tocar una estufa porque está caliente y entonces el tocarla le traerá como resultado una quemadura, o que aprende que una manta templada es agradable, sometes el aprendizaje que no es de este mundo a mil pruebas que dependen de tus sentidos y tu juicio. Mientras crees saber lo que te hará daño y lo que te resultará consolador, sometes a lo comparable aquello que no se puede comparar.
3.12 No creas que tu mente, tal y como la concibes, aprende sin comparar. Todo es verdadero o falso, correcto o incorrecto, blanco o negro, caliente o frío basándose solamente en contrastes. Una sustancia química reacciona de una manera y otra reacciona de otra, y crees que solo mediante el estudio de las dos tiene lugar el aprendizaje.
3.13 No has renunciado a la idea de que tienes el control de lo que aprendes, ni has aceptado que puedes aprender de una manera en que antes no aprendías. En consecuencia, nos desplazamos de la cabeza al corazón sólo para sacar provecho de los conceptos de tu corazón, que son conceptos mucho más acordes con un aprendizaje que no es de este mundo.
3.14 Esas palabras de amor no entran en tu cuerpo por los ojos para asentarse en el cerebro, y ser allí destiladas en un lenguaje que puedas entender. Mientras lees, presta atención a tu corazón, pues este aprendizaje entra por él y en él se queda. Tu corazón es ahora tus ojos y oídos. Tu mente puede permanecer dentro de tu concepto del cerebro, pues ahora la soslayaremos y no le enviaremos información para procesar ni datos para que calcule. El único cambio de pensamiento que se te pide es constatar que no la necesitas.
3.15 Lo que esto llegará a significar para ti va más allá del aprendizaje de este curso. Un solo concepto que entregues y no reemplaces te liberará más allá de todo lo que puedas imaginar, y liberará también a tus hermanos y hermanas. Una vez que un solo concepto es derribado, otros le siguen rápidamente. Pero ninguno está más atrincherado que este, el que hoy empezamos a dejar que caiga.
3.16 Tú que no has podido separar la mente del cuerpo, el cerebro de la cabeza, la inteligencia del conocimiento, anímate. Renunciamos a seguir esforzándonos. Simplemente aprendemos de una manera nueva y en nuestro aprendizaje constatamos que nuestra luz brilla desde el interior de nuestro corazón, nuestro altar al Señor. Aquí mora el Cristo en nosotros, y aquí concentramos nuestras energías y nuestro aprendizaje, prestos a comprender que aquello que querríamos saber no puede ser computado en los bancos de datos de un cerebro sobrecargado en el que hemos puesto demasiada confianza, en una mente que no podemos separar de donde creemos que está.
3.17 En contraste, nuestros corazones salen al mundo, hacia el que sufre, hacia el débil de cuerpo y mente. Nuestros corazones no son fácilmente confinados dentro de nuestras paredes de carne y hueso. Nuestros corazones adquieren alas con la alegría y se quiebran con la tristeza. No así el cerebro, que sigue registrándolo todo como un observador silencioso, presto a decirte que los sentimientos de tu corazón son de hecho una tontería. Es a nuestro corazón a quien invocamos en busca de guía, pues en él reside el único que verdaderamente guía.
3.18 A ti que crees que esta idea está viciada de sentimentalismo, y que estás seguro de que te llevará a abandonar la lógica y, en consecuencia, te conducirá a la ruina, te digo una vez más: anímate. Tonterías como son los deseos de tu corazón, son lo que ahora te salvará. Recuerda que es tu corazón el que anhela el hogar. Es tu corazón quien anhela recordar el amor. Es tu corazón quien guía en la ruta que, si la sigues, te llevará con certeza de camino al hogar.
3.19 ¿Qué dolor ha soportado tu corazón que no haya podido atesorar para su fuente? Su fuente es el amor, ¿y qué mayor prueba de la fortaleza del amor necesitas? Un dolor así, como el que ha soportado tu corazón, es como un cuchillo que atraviesa los tejidos, un golpe que detendría las funciones cerebrales, o un ataque sobre las células mucho mayor que cualquier cáncer. El dolor del amor, tan apreciado que no puede ser soltado, puede atacar, y de hecho lo hace, los tejidos, el cerebro y las células. Y luego lo llamas enfermedad, y permites que el cuerpo te haga decaer, todavía y siempre reteniendo el amor para ti mismo.
3.20 Y preguntas, ¿acaso el dolor debe acompañar al amor y la pérdida? ¿Es este el precio que debo pagar por abrir el corazón? Y sin embargo, si se te preguntara si prefieres otra cosa distinta del amor, tu respuesta no sería un “sí”. ¿Qué otra cosa es digna de valer tanto, tanto sufrimiento, tantas lágrimas? ¿Qué otra cosa no soltarías cuando llega el dolor, cual mano dejando caer un ascua ardiente? ¿Qué otro dolor mantendrías tan íntimamente en ti, como pena que no sueltas? ¿Qué otro dolor estarías tan poco dispuesto a sacrificar?
3.21 No creas que estas preguntas no tienen sentido, o que han sido hechas para vincular el amor con el dolor y dejarte desamparado sin ayuda, pues aunque esta manera de relacionar amor y dolor es un sinsentido, tiene sin embargo todo el sentido del mundo. Estas preguntas simplemente demuestran el valor del amor. ¿Qué otra cosa valoras más?
3.22 Tus pensamientos pueden conducirte a una docena de respuestas ahora mismo, y para algunos serían más, para otros menos, según la tenacidad de los pensamientos que, conducidos por el ego, querrían interponer la lógica en el camino del amor. Algunos otros pueden usar sus pensamientos de manera distinta y proclamar que eligen el amor y no el dolor cuando en realidad lo que eligen es la seguridad a expensas del amor. Nadie aquí cree que pueda tener el uno sin el otro, y así, se vive temiendo al amor, al mismo tiempo que es deseado por encima de todas las cosas.
3.23 No creas que existe ni una sola manera de alejar el amor de la vida. Antes bien, ahora comenzamos a apartar los juicios que la vida ha hecho sobre él, los juicios con que te ha provisto la experiencia, basados en cuánto amor has recibido y cuánto te ha sido negado. Comenzamos por simplemente aceptar la demostración de la fortaleza del amor que se nos ha dado. Esto es lo que recordaremos una y otra vez mientras aprendemos a reconocer qué es el amor.
imagen corazón en círculo

domingo, 7 de septiembre de 2014

UN CURSO DE AMOR, CAPITULO 2: LO QUE EL AMOR ES

Capítulo 2. Un curso de amor

[Has marchado al campo de batalla con valor. La guerra arrecia día y noche y tú te vas desgastando. Tu corazón clama por solaz, y su clamor no pasa inadvertido. Aquí está la ayuda.
— 2.20]
2.1 Lo que el amor es no puede enseñarse. Lo que el amor es no puede aprenderse. Pero puede ser reconocido. ¿Puedes acaso pasar junto al amor y no darte cuenta? Por supuesto, lo haces todo el tiempo al elegir ver la ilusión en lugar de la verdad. No se te puede enseñar el amor, pero se te puede enseñar a ver el amor donde este ya existe. Con los ojos del cuerpo no es como reconoces el amor. Es mediante la visión de Cristo. Pues solo la visión de Cristo contempla el rostro de Dios.
2.2 Mientras busques un Dios con forma física no podrás reconocer a Dios. Todo lo real proviene de Dios. Nada irreal existe. Cada persona que pasa de esta vida a la siguiente no aprende un gran secreto, sino simplemente toma conciencia de que el amor es todo lo que existe. Nada irreal existe. Piénsalo por ti mismo: si fueses a morir mañana, ¿qué sería significativo para ti hoy? Solo el amor. Esta es la clave de la salvación.
2.3 Como el amor no tiene forma física, no puedes creer que el amor pueda ser lo que tú eres, aquello que te esfuerzas por ser, hacia lo que buscas regresar. Crees que eres algo distinto y separado del amor. Consideras que el amor es un sentimiento, uno entre muchos. Sin embargo, se te ha dicho que solamente hay dos sentimientos a elegir: amor y miedo. Tantas veces has escogido el miedo y lo has llamado de distintas maneras, que ya no lo reconoces como miedo. Lo mismo vale para el amor.
2.4 Hay muchas cosas que temes a las cuales das el nombre de amor. Crees que es posible elegirlo como un medio para comprar tu tranquilidad y tu seguridad. Entonces, defines al amor como reacción ante el miedo, y es por este motivo que puedes entender que el amor sea lo opuesto al miedo. Esto es bastante cierto. Pero como aún no has reconocido el miedo como nada, aún no has reconocido al amor como todo. Es por los atributos dados al miedo que le has dado atributos al amor. Sólo las cosas separadas poseen atributos y cualidades que parecen complementarse u oponerse. El amor no tiene atributos, por eso no se puede enseñar.
2.5 Si el amor no puede ser enseñado sino solo reconocido, ¿cómo es posible reconocerlo? A través de los efectos del amor. Puesto que causa y efecto son uno. La creación es efecto del amor, igual que tú.
2.6 Creer que eres capaz de actuar con amor en una circunstancia y con ira en otra, y que ambas acciones se originan en el mismo lugar, es un error de proporciones enormes. Has calificado al amor como un componente “circunstancial” y crees que actuar con amor más a menudo es un progreso. Actuar con amor recibe la calificación de “bueno” y actuar con ira recibe la calificación de “malo”. Te sientes capaz de actos de amor de proporciones heroicas y de actos temibles de consecuencias horrorosas, actos de valentía y actos de cobardía, acciones apasionadas que llamas amor y acciones apasionadas que llamas violencia. Te sientes incapaz de controlar los actos más extremos surgidos de estos sentimientos extremos. Consideras peligrosos ambos “extremos” y buscas un término medio. Se dice que uno puede amar demasiado o demasiado poco, pero nunca lo suficiente. El amor no es algo que haces. Es lo que tú eres. Y seguir identificando el amor de manera incorrecta, es continuar siendo incapaz de identificar tu Ser.
2.7 Seguir identificando incorrectamente al amor es seguir viviendo en el infierno. Aunque algunos buscan evitar los altibajos de las emociones intensas, es en ese punto medio de una vida sin pasión donde el infierno se solidifica y adquiere realidad. Calificas el gozo de cielo y el sufrimiento de infierno y, creyendo que hay más opciones que estas dos, buscas un término medio para tu realidad. Una vida con pocos goces y pocos sufrimientos se considera exitosa, puesto que una vida de gozo se ve solo como un sueño, y una vida de sufrimiento como una pesadilla.
2.8 A esta confusión sobre la realidad del amor agregas los contenidos de tu historia personal, los hechos aprendidos y las teorías adquiridas durante tu existencia. Aunque tu propósito aquí permanece oscuro, identificas algunas cosas a las que llamas progreso, y otras a las que llamas evolución, y esperas poder cumplir aunque sea un papel minúsculo en el avance del estatus de la humanidad. Esto es a lo más que aspiráis, y son pocos los que creen que tendrán algún éxito. Otros se niegan a pensar que la vida tenga un propósito y, por tanto, se condenan a sí mismos a vivir una vida sin propósito, convencidos de que una persona entre miles de millones no marca la diferencia, y no tiene incidencia alguna. Hay otros que se ponen anteojeras para no ver el mundo, y solo buscan que su rincón sea más seguro. Algunos cambian de una opción a otra con la esperanza de que la siguiente les traerá un poco de paz. Es demente creer que estas son las únicas opciones que tienen las criaturas de un Dios de amor. Pero tú crees que pensar lo contrario es la auténtica demencia. Incluso en tu limitada comprensión sobre quién eres, ¿puede esto ser cierto?
2.9 La locura de tus procesos de pensamiento y del mundo que percibes debe serte dada a conocer antes de que estés dispuesto a desprenderte de ellos. Esto lo sabes, pero constantemente lo olvidas. Este olvido es obra del ego. Tu verdadero Ser no quiere olvidar, y no puede hacerlo ni por una fracción de segundo. Precisamente, lo que te da la esperanza de aprender a reconocer el amor y, junto con ese reconocimiento, ponerle fin a la demencia que ahora percibes, es la incapacidad para olvidar que tiene tu verdadero Ser.
2.10 Tu verdadero Ser es el Cristo en ti. ¿Cómo podría ser cualquier otra cosa salvo amor, o ver con ojos distintos a los del amor? ¿Esperarías que un ser humano decente no se sintiera conmovido al ver un mundo sin amor, un mundo de ira y desesperación? No creas que aquellos que parecen añadirle más miseria al mundo son una excepción. No hay una sola alma que camine por este mundo que no se encuentre acongojada por lo que ve. Sin embargo, el Cristo en ti no se acongoja, puesto que el Cristo en ti ve con los ojos del amor. La diferencia reside en que los ojos del amor no ven la miseria y la desesperanza. ¡No están ahí! Este es el milagro. El milagro es la visión verdadera. No creas que el amor puede contemplar la miseria y ver en ella amor. El amor simplemente no ve ninguna miseria.
2.11 La compasión no es eso en lo que la has convertido. La Biblia te instruye para ser compasivo como Dios lo es. Pero tú has definido la compasión de manera diferente a la de Dios. Creer que Dios contempla la miseria y responde con piedad y preocupación, pero no le pone fin, es creer en un Dios que es compasivo de la manera en que tú lo eres. Crees que tú acabarías con la miseria si pudieses, comenzando por la tuya. Sin embargo, una vez hecha real, ni tú ni Dios podríais acabar con la miseria. No se trata de la magia de transformar la miseria en satisfacción, o el sufrimiento en gozo. Estos actos serían ciertamente mágicos, serían una ilusión sobre otra ilusión. Al haber aceptado la ilusión como verdad, buscas otras ilusiones para cambiar lo que nunca fue por algo que nunca será.
2.12 Ser compasivo como Dios es compasivo, consiste en ver como Dios ve. Insisto una vez más en que no se trata de ver la miseria y decirte a ti mismo que no la ves. No abogo por la falta de corazón, sino por la incondicionalidad [wholeheartedness]. Si creyeras en la más mínima fracción de la verdad, si solo creyeras que eres una diminuta parte de Dios, no mayor que un pequeño destello de luz en medio de un sol en todo su esplendor, seguirías sin poder creer en la realidad de la miseria y la desesperanza. Si lo hicieras, también creerías que este es el estado de Dios. Y si esto fuese verdad, ¿qué esperanza habría de acabar con la miseria? ¿Qué luz habría en el universo para poner fin a las tinieblas?
2.13 Invierte este pensamiento y observa si ahora tiene más sentido que antes. En este escenario, un Dios benevolente y amoroso que ha extendido Su Ser a la creación del universo, de alguna manera se las ha arreglado para extender también lo que no es Él, es decir, para crear lo que en nada es semejante a Su Ser. ¿Acaso tú intentarías tal locura? ¿Acaso concebirías lo inconcebible?
2.14 ¿Qué otra respuesta nos queda salvo que no ves la realidad tal como es? ¿Qué beneficio te produce ver incorrectamente? ¿Cuál es el riesgo de ver de nuevo? ¿Qué sería un mundo sin miseria sino el cielo?
2.15 No busques imágenes del pasado para que te muestren el camino más allá de las ilusiones, hacia el presente. Busca en tu interior al único que conoce el camino. Cristo está en ti, y tú estás en Dios. Prometí no abandonarte nunca ni dejarte sin consuelo. El Espíritu Santo te trajo el consuelo que podría aceptar tu mente perturbada. Ahora, dirígete a mí para consolar tu corazón atribulado.
2.16 Todavía no has invertido lo bastante tu pensamiento, o si no tu corazón no estaría atribulado. La inversión no tuvo lugar porque separas la mente del corazón, y crees que puedes involucrar a uno sin involucrar al otro. Crees que conocer con la mente es un proceso de aprendizaje que se encuentra apartado del resto de lo que eres. Crees que puedes conocer sin ese ser de conocimiento que eres. Crees que puedes amar sin ser el amor que eres. No hay nada aparte de tu ser. Nada se mantiene solo. Todos tus intentos por mantener las cosas separadas no son más que una reproducción de la separación original, y cuyo fin es convencerte de que la separación realmente ocurrió.
2.17 No estás separado ni solo. Al oír estas palabras tu corazón se regocija pero tu mente se rebela. Tu mente se rebela porque es el bastión del ego. Tu sistema de pensamiento es lo que ha construido el mundo que ves, y el ego es su compañía constante en esa construcción.
2.18 Sin embargo, tu mente también se ha regocijado con el aprendizaje de todas las enseñanzas que te trajeron hasta aquí, y se ha felicitado por esta hazaña que le dio descanso. Es a partir de este descanso, que el corazón empieza a ser oído.
2.19 Así como el Espíritu Santo puede usar lo que el ego ha construido, el ego puede usar lo que la mente ha aprendido pero todavía no ha integrado. Mientras no seas lo que has aprendido, dejas espacio para las maquinaciones del ego. Cuando eres lo que has aprendido, no queda lugar para que el ego exista y, desalojado del hogar que le habías construido, muere lentamente. Pero hasta que esto ocurra, el ego se enorgullece por lo que la mente ha obtenido, incluso por esa mayor paz y satisfacción que te ofrece tu aprendizaje. Puede verse a sí mismo, y lo hace, como mejor, más fuerte y más apto para el éxito mundano. Es capaz de utilizar todo lo que has aprendido para seguir sus propias motivaciones y darte palmaditas en la espalda por tus nuevas capacidades. Sin tu vigilancia, puede efectivamente parecer más fuerte que antes y más duro en sus críticas. Finge llevarte a nuevos niveles solo para usar lo que has aprendido a fin de incrementar tu sensación de culpa. De esta manera va ganando pequeñas batallas cotidianas que conducen a tu capitulación final, al día en que finalmente te rindes y admites la derrota. El ego desafía tu derecho a la felicidad, el amor y los milagros, y solo busca llevarte a proclamar que vivir con esas fantasías no sirve para nada, puesto que jamás serán posibles.
2.20 Has marchado al campo de batalla con valor. La guerra arrecia día y noche y tú te vas desgastando. Tu corazón clama por solaz, y su clamor no pasa inadvertido. Aquí está la ayuda.
2.21 No creas que todo lo que aprendiste será inútil a la hora de hacer lo que te fue dado hacer. No creas en tu fracaso ni en el éxito del ego. Todo lo que has aprendido permanece contigo, más allá de tu percepción del resultado de tu aprendizaje. Lo único que necesitas cambiar es tu percepción de que el resultado estará bajo tu control. Recuerda que causa y efecto son uno. No puedes fracasar en aprender lo que quieres aprender.
2.22 Comenzaremos trabajando en un estado de neutralidad en el cual ya no hay guerra que pelear y han cesado las batallas cotidianas. Quien gana y quien pierde no nos preocupa aquí. La paz aún no ha llegado, pero la bandera blanca de la rendición se agita sobre un terreno santificado donde por un breve tiempo reinará la neutralidad hasta que la paz irrumpa con alegre regocijo.
2.23 En esta guerra no hay victoriosos ni botín que repartir. Has aprendido una y otra vez que esto no es lo que quieres. Todo lo que ahora deseas es libertad para volver a casa, lejos de los gritos de agonía, de la derrota y la vanagloria. El estado de neutralidad es donde comienza el regreso. Puede que los ejércitos aún no se hayan retirado, pero ya han empezado los preparativos.
imagen corazón en círculo